Crónica personal

Pilar Cernuda

Los sindicatos y el paro

Alo mejor tienen razón, pero sorprende el escaso interés de los sindicatos por atender a los parados. A lo mejor tienen razón y los sindicatos están para defender los derechos de los trabajadores y sólo de los trabajadores, pero este 1 de mayo los dirigentes sindicales han cabreado a un porcentaje muy alto de españoles por haber dado muestras, una vez más, de compadreo con el Gobierno y dar la espalda a los que viven la tragedia de quedarse sin empleo.

Así no se gana el respeto de nadie, así no se amplía el número de militantes, así no se defiende el sindicalismo. Así, de la manera en que actúan Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, se acrecienta la sensación de que los sindicalistas miran más por su bolsillo que por defender el espíritu que debe impregnar las centrales sindicales, pendientes de no contrariar a un Gobierno del que depende la cuantía de las subvenciones. CC OO y UGT no se habrían encogido de hombros, como se encogen, si el Gobierno de los cuatro millones largos de parados fuera del PP. Es patético ver a Méndez y Toxo apoyando a un Zapatero que ha llevado a España a los índices más altos de desempleo por una nefasta política económica y laboral.

Los sindicalistas de mente antigua, como Méndez -y Toxo en menor grado- continúan viendo a los empresarios como adversarios de los trabajadores. Los sindicalistas trasnochados siguen considerando a los empresarios como explotadores que anteponen el enriquecimiento personal a cualquier otra circunstancia y no dudan en explotar a los trabajadores. Los sindicalistas que se han anclado en el Jurásico todavía no entienden que defender la empresa es defender el trabajo, y que se lo digan si no a los pequeños y medianos empresarios que, junto a los autónomos, dan trabajo al ochenta por ciento de los asalariados.

Es sorprendente que a estas alturas, en el Día del Trabajo, Méndez amenace a los empresarios diciendo que si defienden el despido libre -que no lo defienden, piden flexibilidad- tendrán que atenerse a las consecuencias. Y dice poco en favor del secretario general de UGT que de nuevo arremeta contra el comisario Almunia y contra el gobernador del Banco de España por hacer declaraciones que "asustan a nuestros viejos y desaniman a los jóvenes", cuando lo que han hecho es advertir de la situación para que se tomen medidas de prevención de manera que no se ponga en peligro el futuro de las pensiones.

Dejan pocos argumentos Comisiones y UGT para su defensa. Por no decir que no dejan cabida a ningún argumento de defensa. Que callen ante la tragedia y la magnitud del paro, como callan, y sólo se ocupen de defender a sus liberados sindicales y a quienes tienen el privilegio de mantener su empleo, obliga a preguntarse si debemos seguir defendiendo el sindicalismo tal como está concebido.

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