BREVIARIO

Alejandro V. García

El sinvivir

PARIÓ Zapatero y aún no sabemos qué fue, si caballo, mula o burdégano. Habrá que esperar al crecimiento. Dentro de lo malo, fue la salida más lógica. Desde hace muchas semanas la incertidumbre que tenía en vilo al PSOE, a los periodistas y, en mucha menor medida, a la ciudadanía no versaba sobre qué decidiría el presidente sino cuándo lo diría en público. Todos dábamos por hecho que no repetiría, pero la cuestión fundamental, la médula del sinvivir que estaba reconcomiendo a los analistas y deshilachando al PSOE, era meramente formal: cuándo lo diría. ¿Por qué no lo resolvió antes? La dilación fue tan excesiva que Zapatero se ahogó en su propio dilema, hasta el punto de que una legión de samaritanos, ventajistas y adversarios sumaron sus consejos a la angustia presidencial con el ánimo unos de ayudar y otros de debilitar. ¡Hasta los empresarios se convirtieron en asesores! Menudo guirigay. El presidencialismo es un tóxico de efecto lento. Ayer se acabó la incertidumbre, pero como le ha ocurrido tantas veces a Zapatero, el desenlace llega tarde. El suspense ahora se centra en qué va a ocurrir a un año vista, si ZP va a mantener la estabilidad frente al gallinero conservador y va a gobernar como si no hubiera renunciado y si el PSOE se va a atragantar con las primarias hasta perder el sentido.

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