Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

El soborno

NO entiendo el nombre de soborno con que algunos sindicatos han despreciado el incentivo de 7.000 euros, pagaderos en cuatro años, con que la Consejería de Educación quiere compensar a los docentes de Secundaria por colaborar en la reducción del absentismo escolar, aumentar el número de alumnos que concluyen la Enseñanza Secundaria Obligatoria, acrecentar los fundamentos de su formación (comprensión lectora, matemáticas y lengua) y, en consecuencia, disminuir el número de suspensos (o aumentar el de aprobados, como prefieran). Para considerar que este conjunto de fines y compensaciones forman parte de un soborno hay que cambiar el orden de los objetivos, colocar en cabeza el de los aprobados y dinero y esconder los restantes. Sólo así se puede afirmar que la Junta paga 7.000 euros a cambio de fabricar aprobados.

Además, hablar de soborno implica un elevado riesgo. El soborno es una práctica que requiere el concurso necesario de dos partes -una que ofrece la dádiva y otra que la acepta - y todos estamos convencidos de que los profesores andaluces jamás accederían a elaborar aprobados como tornillos, con dinero o sin él. Su capacidad, su esfuerzo y su honradez están de sobra demostrados. La acusación de los sindicatos lleva implícita un desdén moral preocupante: hacia la Junta, por ofrecer el incentivo; a los profesores, por si lo aceptan, y a la sociedad, es decir, a las familias, por su silencio. Se puede argüir que es una imputación figurada. Vale, pues entonces pasemos a los hechos prácticos. Siempre cabe una solución tajante: rechazar el plus y ponerse manos a la obra estimulados únicamente por ese espíritu generoso común a tantos y tantos sindicatos de la enseñanza. Porque, de lo que no hay duda es de que hay mucho que hacer en el ámbito educativo, en particular el andaluz, y no se debe perder el tiempo, en efecto, en asuntos aparentemente menores.

El paquete de medidas planteado por la Consejería de Educación para incentivar la mejora de la enseñanza puede parecer parcial, mejorable o incorrecto, pero reducirlo a una artimaña medio delictiva, o por los menos inmoral, para aumentar la nota media de Secundaria a tantos euros el aprobado es una simpleza muy propia del lenguaje despectivo y quintaesenciado de la práctica sindical. Si la mayoría del profesorado rechaza el plan de mejora de la enseñanza el futuro titular de la Consejería de Educación se topará con un problema no desdeñable, pues sin la acción conjunta del profesorado difícilmente se podrá abordar la regeneración de la enseñanza secundaria en la comunidad y acabar con los viejos y pesados lastres .

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