La ciudad y los días

carlos / colón

El sol bordador

NO hay bordador que vista a una imagen con la dorada belleza con que el sol naciente y el sol poniente de estos días transparentes de noviembre visten a la Inmaculada de la Plaza del Triunfo. Ni los mantos de orfebrería bordada que Olmo creó para la Concepción y el Patrocinio, ni los mantos serios que Juan Manuel diseñó para la Victoria, la Amargura, la Presentación y el Mayor Dolor y Traspaso o los mantos alegres que alumbró para la Esperanza Macarena, igualan al manto de luz dorada que cada mañana cubre a la Inmaculada que esculpió Collaut Valera en 1918. El terciopelo azul lo pone el cielo claro de estos días de impaciencia de Adviento, triduo en la Magdalena y besamanos en San Juan de la Palma.

Pero es el sol poniente el que borda para esta Inmaculada la saya más espectacular de Sevilla. Ni la de los volantes de la Esperanza, ni la azul que bordaron las Antúnez para la Estrella, ni tan siquiera la de los soles de la Virgen del Valle, ninguna viste de luz dorada y plena a una Virgen como el último sol que le llega la Inmaculada, cansado, desde el Aljarafe. Es el último sol de nuestro largo verano que se crece hasta arriar de sofocos el otoño. Un sol que se resiste a apagarse en los oros viejos otoñales, que se rebela contra los tempranos anocheceres, que justo antes de ponerse da una última embestida de purísima luz dorada.

Letanías que los cielos de Sevilla cantan a la Inmaculada de la Plaza de Triunfo. Nunca es más Electa ut Sol, refulgente como el sol, que en estas mañanas y estas tardes doradas de noviembre. Como nunca es más Pulchra ut Luna, hermosa como la luna, que en las noches de luna llena, limpia como plata Amargura, del Adviento que nos viene a paso de convocatoria -orla azul de Cayetano González para la Presentación, orla con dosel imperial del besamanos y la Función conmemorativa de la Coronación de la Amargura-, de calles atravesadas por las luces que se encenderán el día 29, de anuncios con fondo de villancicos, de expositores de dulces de Navidad.

Si el Señor dijo que ni Salomón, en todo su esplendor, se vistió con la magnificencia de los lirios del campo que ni trabajan ni hilan, en Sevilla, ni Ojeda, ni Olmo, ni Elena Caro, ni tan siquiera Pacheco estofando la Cieguecita de Montañés, visten con tanto esplendor a ninguna Virgen como el sol que estos días se hace manto al amanecer y saya al atardecer para vestir a la Inmaculada del Triunfo.

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