Coge el dinero y corre

fede / durán

No es el sol

EL triángulo español lo acotan tres vértices: la realidad estadística, la realidad política y la realidad social. La estadística y la política son realidades íntimamente cosidas puesto que la primera sirve de altavoz a la segunda. El Gobierno (los gobiernos) no lanza a los ciudadanos sus cifras sino sus jeroglíficos, confiando en el eterno prejuicio elitista de la ignorancia de las masas. No hay mejor espejo que el mercado laboral: si el paro baja, la ministra Báñez o el consejero de turno desplumarán todo indicio de coyuntura para pincelar el retrato con los colores del éxito, de la decisión correcta o la receta mágica. Si sube, los zapadores de palacio buscarán y encontrarán las zonas muertas, interpretables o directamente manipulables, de manera que Mariano Rajoy siempre pueda decir que está "satisfecho".

La EPA es una estimación. Si fuese una ciencia, España ardería, o se parecería a Kabul, o estaría ya fuera de todo circuito de progreso y respeto. Pero es difícil que sólo la economía sumergida explique este increíble estoicismo. En la atmósfera o en la tierra ha de anidar un gen dominante cuyas espirales codificadas declinan la triple R: resistencia, resiliencia y resurrección. Porque algún día, tras lustros de escasez y sufrimiento, daremos de nuevo con la tecla del dinero fácil, prorrogando otra vez la tarea (estructural) de hacer las cosas bien.

Y luego está la realidad social. Un defecto de la escasísima clase media andaluza es juzgar a los demás desde el egocentrismo. Nuestros políticos y la mayoría de nuestros prebostes no superan ese listón mínimo de valores académicos, profesionales e incluso morales que insistimos en adjudicarles más por su posición que por una despiadada autopsia de guante blanco. Si la economía funciona mal es precisamente porque quienes tienen el poder de transformar las inercias jamás han querido trabajar para el bien común. Y eso crea distorsiones y sedimenta actitudes nefastas.

El carácter asistencial de la Junta, por ejemplo, una Administración que tutela sin límite ni disimulo y siempre ha comprado voluntades con subsidios de distinto pelaje, apostando por fidelidades que destrozan cualquier intento serio de edificar una cultura de la competitividad. Desbaratemos un eslogan manido: si Andalucía es la California de Europa, ¿por qué nadie nunca ha proyectado aquí un Mountain View o un Palo Alto?

La CEA es otro triste cromo representativo: bajo la alfombra de la anterior cúpula se han descubierto no ya pelusones sino cadáveres. Por no hablar de la UGT. O de la formación y los ERE, gargajos que salpican a todo el reparto. Con semejante holograma, ¿quién en su sano juicio está dispuesto a desembarcar en Andalucía? No es el sol, estúpido. Son los actores con los que vas a relacionarte.

Seguro que en su barrio conoce a un par de sospechosos habituales, señores curtidos sin oficio conocido que menguan sin marchitarse. Es la gran esperanza andalusí: en el peor de los escenarios, un cheque público pagará nuestras cervezas.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios