El resto del tintero

Juan M. / Marqués

El solemne silencio andaluz

SI hay un incidente con el que Susana Díaz no contaba en esta campaña electoral era el de su propio partido: ni le viene bien el ruido de la inestabilidad en el PSOE ni le ha debido gustar este golpe de autoridad de Pedro Sánchez, que también es un mensaje a navegantes. Su silencio, ayer en Puente Genil, fue revelador: no puede opinar porque no tenía información. Y, lo que es peor, es cierto. Según se comenta en fuentes cercanas a Ferraz, Díaz no lo sabía. Su silencio es solemne, como el de otros dos andaluces en la Ejecutiva de Pedro Sánchez: Micaela Navarro y Antonio Pradas, que no asistieron a la reunión de la permanente donde se informó de la constitución de la gestora. Sí habló Carme Chacón, muy cercana a la presidenta andaluza, y para criticar esta defenestración.

Detrás de la decisión de Pedro Sánchez, y de los argumentos expuestos sobre la presunta corrupción en Parla, donde fue alcalde Tomás Gómez, hay dos más. El primero, el electoral. Gómez iba camino de quedar el tercero en las elecciones autonómicas en Madrid, detrás de Podemos y del PP. Y Sánchez quiere a Ángel Gabilondo. Claro, que esto, lo de ir de tercero en los sondeos, también puede ser aplicable a otros líderes, entre ellos al propio Pedro Sánchez.

Y segundo, el secretario general quiere mandar, y sospecha que medio partido y la mitad de los barones estaban conspirando contra él por si el PSOE se descalabra después de las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo. Y entre estas personas, Sánchez sitúa a Susana Díaz y su decisión de adelantar las elecciones andaluzas.

Pedro Sánchez comienza a trasmutarse en ese bambi que comía carne cruda que también fue Zapatero. No está dispuesto a marcharse después de las municipales y no renuncia a presentarse a las elecciones primarias. Sánchez parece que va a dar batalla, y ha comenzado.

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