desde mi córner

Luis Carlos Peris

Entre la solidez y el despropósito

Sacó el Betis adelante una cita muy complicada y se cayó el Sevilla en lo más llano mediante fallos intolerables

NUEVE jornadas, nueve alineaciones distintas, dieciséis puntos. Esos son los números más llamativos del Betis, de ese equipo que Pepe Mel está sincronizando de una manera distinta a como se ha venido haciendo desde que el fútbol es fútbol. Lo habitual para alcanzar el ajuste fino se basaba en la repetición y cuando la cosa ya funcionaba, hasta los niños de pecho podían recitar de carrerilla la alineación de su equipo. Con Mel se ha revertido la situación y lo cierto es que este Betis parece cada día más sólido y como sabiendo mejor a qué juega aunque nadie sepa quién será el que juegue. Cosas que pasan.

La jornada novena le salió que ni soñada al Betis y todo empezó poco antes de que hubiese que cambiar la hora en los relojes. Ante ese Valencia que días antes había barrido al sorprendente Bate Borisov en su redil, el equipo de Mel dio dos caras bien distintas pero muy positivas ambas. Antes del descanso combinó y tuvo la pelota; tras el intermedio aprovechó el marcador favorable para darle el campo y el balón al rival, dándose el caso curioso de que fuese en esta fase cuando disfrutó de las más claras ocasiones de gol. Fue un triunfo merecido y ciertamente valioso en una jornada, ya digo, en que todo le iba a salir a pedir de boca de principio a fin de ella.

Todo lo contrario de como le salió a un Sevilla nuevamente víctima de unos errores que no son de recibo. El pase horizontal de Medel en zona de riesgo, la pasividad de Botía en el segundo gol y las ocasiones tiradas de Negredo y de Babá fueron determinantes para que cita tan aparentemente mollar como la de La Romareda rompiese en frustración, en otra frustración como la de Balaídos. Dijo Míchel tras el fiasco que el fútbol está siendo muy duro con su equipo y yo le digo que el fútbol no tiene culpa de que sus futbolistas se caigan en lo más llano mediante unos errores que entran de lleno en el capítulo de todo lo que no admite el fútbol con su carga azarosa y su canesú.

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