La tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

La solvencia de nuestra economía

LOS llamados tests de estrés o pruebas de solvencia de las entidades financieras han dado un resultado en general positivo. Se trataba de ver si cuentan con un capital suficiente para hacer frente a una hipotética situación de grave deterioro de la economía que repercutiera negativamente en sus activos.

Estas pruebas de esfuerzo son ambiguas, pues analizan qué pasaría si ocurre algo que puede o no darse, como un aumento del paro mayor del previsto, un crecimiento mucho menor de la economía, o un hundimiento permanente del sector inmobiliario. La situación del sistema financiero y los mercados es extraña, por la desconfianza generalizada que se ha creado; las entidades más saneadas se quejan de que se desconfía de todas por igual, y se sienten injustamente tratadas. Las pruebas de solvencia contribuyen a clarificar el panorama y algo han ayudado para que se recupere la normalidad, pero no es seguro que esto sirva para mejorar el crédito a las empresas.

El problema de las entidades financieras españolas no es el de operar en una economía en recesión, pues al igual que otros sectores, se están adaptando reduciendo oficinas y costes. Las cotizadas sufrirán más la reducción de beneficios, y las no cotizadas tendrán más dificultades para captar capital, pero seguirán funcionando aunque ganen menos. La cuestión no es tanto el capital como la incertidumbre acerca del valor que puedan tomar los inmuebles, y sobre todo el suelo, en poder de las entidades financieras, y la morosidad asociada a los mismos. Además, han comprado deuda pública considerada siempre un activo seguro, pero que ahora, aunque con escaso fundamento, se ve como un riesgo. Así pues, habría que realizar pruebas de resistencia a otros sectores para ver cómo aguantarían distintos escenarios negativos de la economía. También habría que hacerlo con los ayuntamientos y las comunidades autónomas, teniendo en cuenta el balance entre sus activos y propiedades y sus deudas, así como los vencimientos de éstas y la liquidez de aquellos. La conclusión es que la solvencia de la economía hay que verla en su conjunto.

El capital es caro y un exceso de capitalización resulta ineficiente pues supone dedicar más recursos para obtener un resultado. Puede darse la paradoja de un sector financiero sobrecapitalizado en una economía de empresas sin suficiente capital; precisamente, las cinco grandes patronales del sector de la construcción reclaman ahora un plan de reestructuración que, entre otras cosas, impida la descapitalización total de estas empresas. En cuanto al crédito, si se toma como guía que entidades con menor riesgo crediticio tienen mejor situación de capital, esto puede llevar a una restricción crediticia importante.

Una lección que hemos aprendido de la crisis es que la corriente dominante sobre medición de riesgos tiene serios errores, y debemos hacer una distinción clara entre riesgo e incertidumbre, pues mientras el primero puede medirse, el segundo no. Así pues, necesitamos valorar escenarios de riesgo que ayuden de verdad a los analistas y a los gestores a tomar decisiones, y que no distorsionen las necesidades de capital y la concesión de crédito.

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