La ciudad y los días

carlos / colón

La sonrisa del régimen

TENGO fundados temores de que esto de los informes PISA sea, en el mejor de los casos, otra memez parida por la secta pedagógica (le tomo prestada la expresión a Mercedes Ruiz, que publicó un muy recomendable libro con este título); y en el peor, como sucede con el plan Bolonia en el caso de las universidades, otro instrumento para convertir el proceso educativo en una formación cortada a la medida de los intereses del mercado y las universidades en fábricas de empleados que engrasen la máquina económica. Los saberes "inútiles" -arte, literatura, filosofía, latín, griego, historia- son desplazados cada vez con mayor violencia de los planes de estudio.

Se acabó la paideia -formación integral del individuo en saberes filosóficos (aprender a ser) y prácticos (aprender a hacer)- en la Europa que la inventó hace 25 siglos y se la ofreció al mundo (¡cómo me impresionó, hace tantos años, la lectura de Paideia de Werner Jäger!). Una catástrofe porque no sólo se aprende a hacer, desarrollando habilidades y conocimientos técnicos, sino que también hay que aprender a ser. ¿Cómo? Ejercitando la razón crítica y la sensibilidad a través del estudio de los grandes creadores y pensadores. Esto es lo que está borrando la secta pedagógica.

Que se evalúe la aptitud de los alumnos o la calidad de la enseñanza teniendo en cuenta sus habilidades para interpretar en un mapa de carreteras la ruta más corta, seleccionar de un desplegable el mejor punto de encuentro entre tres personas teniendo en cuenta la hora de salida o la climatología, comprar el billete más barato combinando metro, autobús y tren en una ciudad desconocida y manejar un mp3, un robot aspiradora o el termostato del aire acondicionado es una imbecilidad que habría descartado por memos e inútiles a un Antonio Machado, un Valle-Inclán, un Cansinos Assens y muchos otros genios poco dotados para las cosas prácticas.

La educación no tiene como meta formar genios -aunque sí permitir el despliegue de la genialidad en quien la tenga-, pero tampoco enseñar el manejo aspiradoras. Más allá del tópico del sabio despistado, algunas de las personas más creativas e inteligentes que he conocido tenían una total ineptitud para la vida cotidiana. Recuerdo a Julián Gállego completamente desamparado y aturullado en los aeropuertos y el despiste angelical en el que vivía Nino Rota: no habrían superado los estándares del dichoso PISA.

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