Doble fondo

Roberto Pareja

Hasta en la sopa

Los candidatos toman la caja tonta y amenazan con meterse en casa

SEXO, dinero... Son elementos poderosos, pero en el engranaje de la maquinaria que mueve el mundo hay otra pieza capital, la mentira, motor de la vida cotidiana y triste común denominador de la política en versión cutre dinamizadora: la verdad a medias.

Todos los candidatos tratan de seducirnos con unos argumentos que serán de nuevo carne de evaporación nada más reaparezcan las calculadoras y la matemática parda de las combinaciones al poder desplace a la literatura (cuentos, algunos de terror) en boga hasta el día 24, cuando la campaña echará el telón y nos podremos tomar un respiro sin toparnos en la tele con una vicepresidenta demostrando la sólida coreografía del PP (la estabilidad desafía al vacío), o, a lo peor, con un presidente fallido llamando al timbre cual vendedor de enciclopedias, como Pedro Sánchez ayer por Móstoles, donde fue bien recibido en tres casas y en otras cuatro le dieron con la puerta en las narices.

Ha sido el segundo golpe de efecto en esta campaña, amén de ese catálogo para amueblar el país con el que Podemos intenta que su programa "sea el más leído de la historia de la democracia", repartiendo propuestas por toda la casa: los Despachos, con Pablo Iglesias como protagonista, sobre la "igualdad en las condiciones de trabajo"; los Baños se centran en la "pulcritud" que deberían tener las instituciones públicas; los Dormitorios hablan sobre "derecho a la intimidad y derechos civiles"; los Jardines atienden al cuidado del medio ambiente... Pues sí. Una verdadera chorrada, a 1,80 euros el ejemplar, pero con la que Podemos se reafirma como el rey de la selva de la campaña. En la que nos ocupa, pelea contra el aura de intransigencia con el que sus rivales adornan al candidato morado, que ya se soltó la melena guitarra en ristre en la pasada entonando una canción de Javier Krahe para recomendar a aquellas mujeres "que están con un idiota" que "le deben dejar". Menos mal, Pablo, que la mía ya no quiere ni verte ni oírte por no sé qué ínfulas y afán de poder que ha percibido en estos seis meses de interregno.

Los socialistas bailan en el filo de la navaja, con la amenaza del sorpasso, pero para zapateo el que tienen en Cataluña, donde Iceta mantiene el tipo (el CIS le da al PSC los ocho escaños actuales) entre contorsiones rockeras. Es que hemos perdido la vergüenza. Y no falta la periodista que le pregunta a los candidatos por su actividad sexual... El desenfreno es absoluto. Veremos más bailes, vídeos desopilantes, candidatos en bicicleta y dando vueltas de campana en un coche de rally (Albert Rivera) o montando en globo (Soraya), o debatiendo con niños perspicaces o hasta ¡repartir condones (Juan Soler, alcalde del PP de Getafe, regaló preservativos en la campaña de las municipales de 2015)!, etc. Van a dejarse la piel y hasta puedes encontrarte a un prohombre en tu humilde morada con su catálogo de verdades a medias. Ya puestos, la bomba, todo se andará, sería juntar a los candidatos en la casa de Gran Hermano unas horas. La telebasura en estado puro tocaría techo, con los genuinos bandazos del odio al amor que acostumbran.

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