LA decisión final de Manuel Chaves de nombrar dos vicepresidentes de la Junta, uno político y otro económico, ha sorprendido a muchos de los suyos. No estaba en el guión que se desprendía de las confidencias del presidente hace tan sólo un par de semanas.

¿Por qué ha obrado así? Yo creo que ha sido más bien un gesto de reconocimiento hacia dos de sus colaboradores más fieles en los últimos años: Gaspar Zarrías y José Antonio Griñán. El primero, superviviente nato y hombre para todo, ha ejercido de vicepresidente político de facto desde hace mucho tiempo, de modo que el nombramiento de ahora no supone más que la consagración de su condición de primus inter pares, coordinador de la acción de gobierno y autoridad moral y política sin dudas entre sus colegas. Griñán, por su parte, ve subrayado su papel decisivo en la nueva situación de crisis económica -aunque se la llame de otra manera- y, además, es el único amigo íntimo del presidente dentro del gabinete.

Hay otra lectura de las vicepresidencias, de carácter interno. Por razones de edad y trayectoria, cualquier vicepresidente que no fuera ninguno de estos dos habría despertado recelos y cábalas acerca de la sucesión de Chaves. El ungido, o la ungida, hubiese aparecido ante la opinión pública como el heredero, o heredera, con la consiguiente desestabilización del patio interior, que es lo que a Chaves más le disgusta del mundo. Con Griñán y Zarrías no se plantea el problema. Ninguno de los dos va a suceder a Chaves, aunque van a influir mucho y en un momento dado pueden obstaculizar una transición serena hacia el post-chavismo.

En estas condiciones, el delfinario de Manuel Chaves es más un deseo de algunos -quizás también una necesidad objetiva del socialismo andaluz- que una voluntad explícita del presidente. Los que pueden aspirar a sucederle van a tener que trabajárselo durante la legislatura y en igualdad de condiciones. Quienes más posibilidades tienen, ahora mismo, son María del Mar Moreno (Obras Públicas y Transportes), Micaela Navarro (Igualdad), Francisco Vallejo (Innovación) y María Jesús Montero (Salud), no necesariamente por este orden. El problema es que si no se les deja crecer y tomar protagonismo puede ocurrir que se llegue a 2011, por ejemplo, sin haberse definido con claridad el orden sucesorio y para entonces se dirá que ya no da tiempo, que abrir el melón va a ser motivo de conflictos y que mejor que siga Chaves. Un mandato más, y con una edad, incluso con dos.

No sé si los electores andaluces estarían dispuestos a que el heredero de Chaves en su séptima oportunidad sea otra vez Chaves.

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