Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El sueño acabó a balón parado

La fiesta que se vivía en Nervión fue creciendo hasta que le puso punto final el pecado habitual del Sevilla

NO podía ser lo que veíamos así que se acercaban las once y media de la noche: que el Sevilla, este Sevilla que camina sobre alfombra de éxitos desde que acabó su centenario, estuviese cayendo con los turcos del Fenerbahçe. No podía ser que algo que empezó con el viento tan de cara, tan bien aliado con el desmañado portero otomano se hubiese torcido de tal forma que ahora, cuando se embocaba la hora de las brujas, el fantasma de la eliminación revolotease sobre la vertical de Nervión. Todo, a la ruleta rusa de los once metros, con Platini testificando desde el palco lo que él mismo sufrió en la otra portería hace veintiséis años.

Estábamos ante la noche más grande siempre soñada por un sevillismo que ya dejó de pellizcarse por la cantidad de sueños cumplidos. Pero lo de esta noche ventosa de cuaresma es muy distinto, lo máximo o, mejor dicho, el resorte obligado para enfilar el camino de lo máximo. Y Dato arriba caminaba la gente como cuando Dato era bulevar y en vez de ir al encuentro de Alves se iba al de Juan Arza. Era una fiesta con todos sus avíos más el aditamento colorista de los turcos, que le daban tintes amarillos y azules a un escenario en que predominaba el rojo, como corresponde al infierno que solicitaba el racial, eficaz e incontinente José María del Nido.

Pero la vida está llena de tachuelas como la que anoche se vivió en Nervión. Ocurre que está tan poco acostumbrado el sevillismo de hogaño a batacazos de este tenor... Y es que el batacazo llegó de forma impensable y después de que la noche sonase a fiesta grande, mitad por los acertados pelotazos de Alves y de Keita y de las cantadas del arquero. Después llegó la repetición de algo que se repite con frecuencia y que está crucificando a este Sevilla. Los lances a balón parado sirvieron para que los turcos nivelasen la eliminatoria hasta llevarla donde ellos querían y sus fuerzas les permitían. Adiós a la Champions, viva la Liga y mueran los goles a balón parado.

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