Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El sufrimiento de un gladiador

Merece Javi Navarro, el hombre que alzó las cinco copas, la oportunidad de verse nuevamente en la hierba

CALVARIO indudable el que vuelve a pasar Javi Navarro, el jefe de una defensa que parecía impermeable y factótum indudable en el chaparrón de conquistas que llovió sobre las vitrinas de Nervión. Sólo dejó de jugar la Supercopa con el Real Madrid, aunque le cupiese el honor de ser él quien recogiese el trofeo al campeón. Su último partido fue el de la final de Copa contra el Getafe y dicen algunos que aquel esfuerzo fue determinante para que su rodilla empeorase. Desde entonces, hablamos del 23 de junio de 2007, el valenciano lleva un duro peregrinaje por quirófanos y salas de rehabilitación, un tremendo calvario.

Es un duro en el campo y en la vida este Javi Navarro que ya tuvo que soportar una prueba como ésta cuando el Valencia tenía puestas en él todas sus complacencias. Es, también, uno de los mejores exponentes, quizás el mejor, de la trayectoria del Sevilla que partió de la economía de guerra tan coherente de Roberto Alés hasta recoger cinco trofeos de primerísima categoría en el corto espacio de catorce meses. Con Pablo Alfaro compuso los cimientos de una travesía del desierto árida y con un final felicísimo; y cimentaron la cosa a base de unos comportamientos de defensa central genuino, de ésos que llegan a la vejez desdentados y con las cejas abiertas.

Y en el corazón de tanto sufrimiento, Javi quiere rematar la faena en el campo y no en la grada, mucho menos en una sala de rehabilitación y atado a la dura banqueta del dolor. Está luchando por su plenitud de la misma manera que lo hizo hasta que vio la luz en el Elche, apretando los dientes y haciéndole un corte de mangas al sufrimiento. Se merece Javi la alegría de volver a calzar botas de tacos y de lucir en un brazo los galones de capitán del Sevilla, de ese Sevilla en el que alcanzó un triunfo impensable, desorbitado, espectacular y como mejor gusta, sabiéndose protagonista principalísimo de la cosa. Suerte, amigo, y que te veas otra vez en la hierba, compitiendo.

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