La ventana

Luis Carlos Peris

Cuando surge el mayor espectáculo del mundo

CONTEMPLABA la felicidad reflejada en el rostro de la multitud y eso me servía para reafirmarme en la convicción de que cuando una corrida de toros brota como la de este primer domingo de otoño en Sevilla no hay otro espectáculo en el mundo que se le asemeje. Veía cómo un joven iba a hombros de decenas de chavales de su edad por el Paseo Colón y se me venía a la mente lo injusto de que haya lugares en que esto ya no sea posible. Por supuesto que corridas así entran pocas en la temporada y que abundan las que no registran nada para el recuerdo; es más, muchas son difíciles de soportar, pero cuando se unen todos los componentes para que el espectáculo surja así de esplendoroso no hay otra que extrañarse de que haya abolicionistas. Y que no me hablen de la milonga del maltrato al toro porque no hay animal en la Tierra que tenga una vida más placentera. Qué tarde la de aquel día, amigo...

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