Editorial

El talón de Aquiles

LA Junta ha ordenado la suspensión cautelar de los trabajos de profundización de la corta de la mina Cobre Las Cruces por riesgo de contaminación del acuífero Niebla-Posadas, que se extiende hasta Doñana. Esta medida se adopta dos semanas después de que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ordenase la clausura de una veintena de pozos ilegales que se habían perforado en la corta para el sistema de drenaje y de reinyección. Aunque la Administración no ha dado más información, sí ha dejado entrever que el sistema hídrico no funciona tal como los técnicos de la compañía minera habían previsto para poder explotar con garantías el yacimiento mediante el método de extraer agua del acuífero para, rebajando su nivel, evitar que entrara en contacto con la veta de mineral y, posteriormente y ya lejos de la mina, devolverla al mismo acuífero. La solución era ingeniosa pero también constituía el talón de Aquiles del proyecto, porque su viabilidad dependía de que el sistema ideado no fallara. Sin embargo, el drenaje sito en el interior de la corta habría interferido con aguas ácidas del fondo y se habría estimado que un caudal de agua contaminada de al menos 10 litros/segundo se estaría reincorporando al acuífero, lo que supondría nada menos que 864 metros cúbicos diarios. ¿Qué está pasando entonces? En síntesis, que existe una situación diferente a la prevista en el proyecto técnico y que ese volumen de agua ácida entrando al acuífero es inadmisible. Los cálculos de la compañía Inmet Mining Corporation han fallado demasiado pronto, pero aun así es mejor que el problema se haya detectado ahora que no luego, cuando la capacidad de respuesta habría sido más limitada. Hay que buscar una solución técnica, que podría pasar por redimensionar la planta de depuración o por aplicar sistemas pasivos de tratamiento mediante amplias pantallas compuestas, por ejemplo, de wollastonita y carbonato. Lo que no debe hacerse es sucumbir a la histeria y liquidar el proyecto por temor a otra catástrofe como la de Boliden, pues las situaciones no son equiparables, pero sí exigir las máximas garantías a la compañía canadiense, que ha de tener claro que la mina sólo puede funcionar desde el máximo respeto al medio ambiente y a la sostenibilidad.

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