La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Un tañido que nos sonó ancestral

Hogaño, mediante el invento del tanatorio, ese establecimiento en el que se dulcifica el terrible trance del velatorio, la campana de la parroquia apenas se usa para el tañido a duelo. Un servidor de Dios y de usted tiene a tiro de piedra la parroquia y los toques de campana llegan con nitidez a la sala de estar, conque se está al tanto de qué hora es, cuartos incluidos. Llamadas a misa, cada vez menos misas por cierto, repiques gozosos, pero tañidos no, ni uno así que van cayendo hojas del calendario. Hace unos días llegó a casa el tañido de la campana mayor de San Vicente convocando a funeral córpore insepulto por un vecino. Y de tanto tiempo sin escuchar esa banda sonora de la muerte volví a sentir una sensación de intimismo que aún perdura en los pueblos. Sonaba la campana como sonaban casi a diario para retrotraernos a un tiempo que se fue para no volver.

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