La ventana

Luis Carlos Peris

Una tarde de Medalla a las Bellas Artes

HABLARON con elocuencia las crónicas, pero qué complicado resulta elevar a definitivo y por vía oral lo realizado por Morante el domingo en El Puerto. Los telegramas de prensa te complican a la hora de hacer ver lo que el artista cigarrero realizó en la nublada tarde junto al Guadalete. Lo de aviso en ambos con ovación en el primero y vuelta al ruedo en el cuarto dificultan una barbaridad hacerse comprender, pues lo realizado está muy lejos de esos escuetos telegramas. Despaciosidad, empaque, naturalidad, armonía, temple, estética, dominio, inventiva y capacidad para improvisar más valentía indudable, que hay que ver lo valiente que se ha de ser para torear tan despacio y tan cerca. Fueron dos monumentos preñados de arte los que Morante levantó en el ruedo portuense, dos obras que por sí solas justificarían el traslado a Cultura de la Fiesta y la Medalla de las Bellas Artes para el orfebre.

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