La ventana

Luis Carlos Peris

Lo de los taurinos a Bruselas, una peregrinación

PARECE que lo de la expedición de taurinos a Bruselas ha tenido más repercusión aquí que en la Grand Place y en los aledaños al Manneken Pis. Me considero amante de la Fiesta desde chiquitito, por lo que no soy dudoso de en qué acera me muevo. Sin embargo, el pesimismo sobre el futuro de la corrida de toros reina cada vez con más fuerza en mi sesera. Dicen que los antitaurinos son una minoría que, como casi todas las minorías, sólo hace ruido. Pero creo que no es únicamente ruido y que también hay nueces que juegan a diario en contra de un espectáculo tan arraigado en nosotros. No creo que vaya a servir de nada esa marcha de taurinos a Bruselas y que daba la impresión de ser como una peregrinación a Lourdes o a Fátima en busca de un milagro. Pero los milagros están tan en desuso que, quizá por eso sólo, el pesimismo más negro por el futuro de la Fiesta me haya invadido como me ha invadido.

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