la ciudad y los días

Carlos Colón

¿Quién teme a Rosa Díez?

MAL empezamos. Rajoy no debería haberle dicho a Rosa Díez, cuando ésta se refirió a la reforma de la ley electoral como una asignatura pendiente de nuestra democracia, que no entraba entre sus prioridades modificar la normativa para dar más representatividad a UPyD. Fue una respuesta cicatera, sórdida, de tendero tramposo, de usurero de votos, indigna tanto de quien la pronunció como de a quien iba dirigida. Y desde luego indigna de los españoles que la escucharon. Esos mismos españoles que según el último barómetro del CIS opinan por abrumadora mayoría que la situación política es mala (40,2%) o muy mala (33,4%), que considera a la clase política y los partidos políticos el más grave problema del país tras el paro y la crisis o que mayoritariamente no tiene ninguna confianza en el Gobierno (33,1%), el Parlamento (26%) y los partidos políticos (37,5%).

Como bien le contestó Rosa Díez, "no estamos calculando lo que nos beneficia como partido, estamos evaluando lo que favorece al ciudadano, y por esa razón proponemos la reforma de la ley electoral".

Otra vez en tendero de 13 Rue del Percebe con el peso trucado, Rajoy le replicó: "Si usted obtiene algún día los votos que ha tenido el Partido Popular o el PSOE, en su momento, también podrá gobernar". Y lo hizo sabiendo muy bien que eso es imposible mientras no se reforme la ley electoral.

Igualmente mal, si no peor, estuvo cuando Rosa Díez se refirió a la corrupción de la vida pública, afirmando con razón que la corrupción política "lastra" la imagen de España y "nos avergüenza como país"; y Rajoy le espetó que "la clase política es la representante de la soberanía nacional" y que la inmensa mayoría de los políticos "da la talla". Lo primero ya lo saben los ciudadanos. Por eso les preocupa tanto el poco nivel intelectual, bajo tono político, tibio compromiso, ensimismamiento partidista, escándalos relacionados con la corrupción y enrocamiento en los mecanismos de perpetuación en el poder que afecta a los dos partidos mayoritarios nacionales y a los partidos mayoritarios de los virreinatos autonómicos.

En cuanto a lo segundo, lo de que la inmensa mayoría de los políticos dé la talla, los ciudadanos saben que es mentira. El propio Rajoy y su partido se han encargado de decirlo cuando era oposición, refiriéndose al PSOE; éste ha hecho lo mismo, descalificando al PP cuando formaba Gobierno; ambos lo han dicho a coro de los partidos nacionalistas; y los hechos, siempre más convincentes que las palabras, lo han proclamado a través de gürteles o eres. Mal se empieza cuando se responde con cabreos a las razones.

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