Doble fondo

Roberto Pareja

Lo que hay que tener

EL juez José Castro cumplirá en diciembre 70 añitos, un diminutivo nada caprichoso dada la energía con la que se desenvuelve, impropia de la categoría de anciano que se suele endosar al personal cuando ya no le caben las velas en la tarta, aunque ya se sabe que hay mucho espíritu vetusto que de joven no tiene más razón que el DNI.

Es lamentable que gente en absoluto marchita tenga que dejar de prestar sus valiosos servicios a la sociedad al atravesar la impepinable frontera cronológica de los 65 mientras hay que seguir aguantando, incluso en cargos de mucha responsabilidad, a otros muertos en vida, que por mucha que tengan por delante están acabados. Agotados y agotadores. Muchos nombres pueden venirle a cualquiera a la cabeza, pero vamos a dejarlos en la hucha.

En el caso de los jueces, la indiscriminada raya vital la marcan los 70, los años que se le echan encima al señor Castro. Pero el titular del Juzgado número 3 de Palma no quiere dejar a medias una tarea, la instrucción del caso Palma Arena, en la que lleva inmerso más de cuatro años, un camino lleno de no menos trampas y tramposos que de aristas que ha devenido en 27 piezas separadas, de las que la mayoría, 19, aún se hallan en fase de instrucción. Por eso el incombustible se dirigió el pasado 9 de febrero al Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB) para que lo designara magistrado emérito cuando suene la campana en navidad. Al amparo del artículo 200.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que establece que los miembros de la Carrera tienen la opción de prolongar su vida laboral hasta los 75 años. Pero el TSJB acaba de puntualizar que no va a ser posible en su juzgado, sólo en tribunales superiores. Curioso.

Así que el cordobés más inmortal deberá resignarse a colgar la toga. Con valor de ley, más que magistrado pareció por momentos temerario cazador -a tenor de las piezas grandes como elefantes que se ha ido cobrando con justicia y tesón- y ha asombrado al mundo, cuando menos a España entera, demostrando que teniendo lo que hay que tener, la aplicación de la ley puede ser como la muerte y no hace excepciones.

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