La ciudad y los días

Carlos Colón

El tiempo arrodillado

CULTOS al Santísimo en las parroquias mudéjares de San Juan de la Palma, San Pedro, San Román u Omnium Sanctorum, alzadas mientras en Bolsena se producía el milagro que hizo universal la festividad del Corpus en la fecha en que desde hace más de siete siglos se celebra. Cultos al Santísimo en las parroquias y capillas barrocas del Sagrario, la Magdalena, San Roque, la O, el Museo, Rosario de Dos de Mayo, Dulce Nombre de Jesús, convento de la Paz o San Antonio Abad, alzadas cuando la festividad del Corpus alcanzaba su apoteosis en la rica Sevilla puerto de las Indias. Cultos al Santísimo en las parroquias neoclásicas de San Bartolomé, San Bernardo y San Ildefonso, alzadas cuando la ciudad y sus fastos decaían sin que lo hiciera la esplendorosa celebración del Corpus, como lo atestigua José María Blanco White en su novena Carta de España, fechada en 1806: "Las calles están adornadas de colgaduras con mayor gusto que durante las procesiones de Semana Santa y cubiertas a lo largo de todo el recorrido con gruesos toldos que las guardan del sol; el pavimento aparece alfombrado de juncia... La salida de la hostia consagrada es extraordinariamente impresionante... Las campanas anuncian su presencia con un repique ensordecedor, las bandas militares mezclan sus vibrantes notas con los solemnes himnos de los cantores, nubes de incienso suben ante el móvil santuario… La muchedumbre se arrodilla en profunda adoración… Una lluvia de flores cae desde las ventanas".

Cultos al Santísimo, preparatorios de la fiesta grande del Corpus Christi, entre espadañas y torres, mármoles y platas, ángeles lampadarios y retablos barrocos, en templos mudéjares, barrocos y neoclásicos que se abren a las plazas y calles de la Sevilla histórica. Pero también en parroquias modernas alzadas entre los bloques de pisos de San José Obrero, el Tiro Línea, Nervión y tantos otros barrios de la Sevilla del siglo XX.

Porque la procesión que hoy parece nacida de las entrañas renacentistas y barrocas de Sevilla es el hermoso ramaje de un árbol que tiene sus raíces de autenticidad devocional en tantas iglesias sevillanas del centro y de los barrios en las que, sin ruido de procesión, se han celebrado los cultos eucarísticos. Por eso es de justicia que, por voluntad del Cardenal, una santa sevillana del siglo XX figure en el cortejo del Corpus al cuidado de una hermandad del XVII que radica en una iglesia del XIII, como si el tiempo se arrodillara ante la Custodia de Arfe. La santa es Ángela de la Cruz; la hermandad, la de la Amargura; y la iglesia, la de la tierra mía de San Juan de la Palma.

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