El Currinche

Iñigo Ybarra

Fuera del tiesto

POR hache o por be, y también por ce y por de, Sevilla luce mal cartel entre el resto de las provincias andaluzas. Ejercer de capital autonómica sin serlo tiene ese coste. Pero es una tirria a la ciudad en su conjunto y a lo que representa, no un aborrecimiento enfocado hacia el sevillano particular, de modo que nada le impide a éste tener buenas amistades interprovinciales. Digo lo anterior para resaltar la osadía majareta que le ha echado una comparsa sevillana al presentarse en el teatro Falla gaditano ejerciendo institucionalmente de hispalense.

A cara descubierta, sin encomendarse a Dios ni al Diablo, va la pandilla Los que barren pa casita y se mete en el avispero del Falla para cantarle, con escasa gracia y menos arte, al Parque de María Luisa, a la Macarena, a Triana, al barrio de Santa Cruz y a cuatro o cinco típicos tópicos más. Eso sí que es tener más valor que el Tigre de Cantillana y menos sesos que el loco Amaro. Intentando salvar la distancia sideral existente entre una celebración y otra, es mismamente lo mismo que si un pregonero de Semana Santa, falto de afecto y emoción, se dedicase desde el atril del Maestranza a piropear la nómina de tronos malagueños y a algún que otro paso zamorano; sin lugar a dudas, de ocurrir algo así, el sujeto sería descuartizado en el escenario, justo al sonar los primeros compases de Amargura, por una cuadrilla de costaleros cinqueños ante la mirada estupefacta del Arzobispo, los sofocos del Alcalde y los aplausos del público. Gracias al humanismo liberal que guía la vida de los gaditanos, la agrupación sevillana sólo tuvo que probar la lógica bronca del respetable tras perpetrar tan descabellado allanamiento de morada.

Tener presente el realismo de Sancho Panza y memorizado el refranero traería mucha cuenta a más de un desavisado en esta tierra de María Santísima. Si la comparsa hubiera reparado en el certero "cada uno en su casa y Dios en la de todos" se habría abstenido de ir a meterle a los gaditanos el dedo en el ojo, que ya son ganas de fastidiar. Y ya puestos en la lidia a toro pasado, también el descastado Valderas podría estar más al tanto de los dichos populares, de haber recordado dicho proverbio antes de intentar salir de su casa con objeto de broncearse unos días en el Sahara, no se vería ahora en situación tan desesperada, es decir, fuera del nutritivo tiesto gubernamental.

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