Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

Entre tíos y sobrinos

LO de los apellidos artísticos puede ser una losaý o una buena manera de empezar a recorrer un camino propio. El otro día, por ejemplo, me decía Concha Velasco que le daba mucha rabia pensar que, a su sobrina Manuela -reciente ganadora del Goya a la Mejor Actriz Revelación-, le colgaran el sambenito de tener una tía como ella cuando la artista nunca ha intervenido en su carrera. No existe una fórmula magistral que sirva para garantizar un reconocimiento propio y no a rastras del que, dentro de una familia, destacó primero. Desde luego, tener un estilo propio ayuda y, a diferencia del cante flamenco de su tío, El Lebrijano, Juan Peña está dando unos firmes primeros pasos en el mundillo musical bajo la influencia del pop. La presentación de su disco el jueves en la Sala Gabana de Madrid fue ejemplo de ello y, ni Terelu Campos, ni Jaime Ostos con Mari Ángeles Grajal, ni Julián Contreras -padre e hijo-, quisieron perdérselo. Ahora lo que toca es repetir evento en el Sur, que para eso el chico es de Jerez de la Frontera.

Con Andalucía precisamente, Alfonso Aragón, miembro original de la saga de los payasos de la tele, tiene importantes vínculos. Fofito, por si su auténtico nombre les ha despistado un poco, será declarado en unos días "Hijo predilecto" de Cádiz -ciudad a la que comparó con la suya de nacimiento, La Habana- y, hoy mismo, firmará discos en la Fnac y asistirá a un concierto de la Banda de música de Las Cigarreras en Sevilla. Y aunque él afirme que se encuentra vetado en televisión por su sobrino, Emilio Aragón, los proyectos en torno a su nuevo disco Las canciones de siempre como nunca, no le faltan.

A sus cincuenta y ocho años, Fofito ha sustituido el circo por otros recintos en los que actúa con sus tres hijas y, según me confirma orgulloso, hace tres años que no prueba ni una gota de alcohol. ¿Las claves? "Tenía voluntad de dejarlo y mi hermano Rody me ayudó a buscar profesionales adecuados. Ahora sólo zumos y agüita. Estoy echando hasta tripitaý". Una curva que, por lo que de felicidad supone, no está nada mal fomentar.

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