A PIE DE CAMPAÑA

Jorge Bezares

Cinco tiros contra un voto

ESTA mañana tuve la certeza de que, en esta ocasión, los últimos días de campaña transcurrirían sin sobresaltos. El jueves era una especie de frontera psicológica -el 11-M fue un jueves de hace cuatro años- que, una vez superada, dejaba despejado el camino para que el domingo los ciudadanos españoles pudiéramos ejercer nuestro derecho al voto en libertad, sin las urnas teñidas de sangre. Pero estaba equivocado. Pocas horas después, ETA irrumpió a traición y asesinó a un ex concejal socialista de la localidad guipuzcoana de Mondragón, Isaías Carrasco, y dejando su lúgubre tarjeta de visitas. Escuché en la radio cómo una vecina del fallecido relataba que escuchó tres disparos, y que se asomó a la ventana que da a la calle. Allí vio a Isaías Carrasco tirado en el suelo, con su mujer y su hija llorando y tapándole las heridas con las manos, con la ropa y la cara llenas de sangre. Y le escuchó gritar: ¡Asesinos, asesinos! Fueron cinco tiros contra un humilde trabajador de la concesionaria de las autopistas de peaje del País Vasco; cinco tiros contra el eslabón político más débil imaginable: un simple militante de un partido democrático, sin escolta, que ni siquiera tenía un acta de concejal que le hubiera dado más notoriedad al asesino; cinco tiros contra un padre de familia que deja mujer y tres hijos; cinco tiros contra un voto. Que forma tan miserable de matar un voto, de aumentar la abstención.

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