Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

El tobogán

ESTAMOS más que escarmentados. Pero en algún pliegue de nuestro cerebro debe quedar un resto de capacidad de asombro y todavía somos capaces de sorprendernos por la habilidad que desarrollan los políticos para deslizarse por el tobogán de la tontería. Lo hacen sin el más mínimo pudor y con llamativa reincidencia, al margen de los colores que defiendan o de las instituciones que gobiernen. Ejemplos hay a porrillo, pero en los últimos días se ha producido una curiosa acumulación tan llamativa como gratuita. Para poner el más reciente, el Ayuntamiento de Sevilla decidió en su último Pleno sacar del callejero de la ciudad a José Utrera Molina, que fue gobernador civil en la década de los 60 y terminó su trayectoria política como ministro del último Gobierno que nombró el general Franco. Sobre la historia reciente de Sevilla se ha escrito, y mucho, durante los últimos años desde ópticas ideológicas bien distintas. No se podrá encontrar en toda esa obra ningún juicio negativo de su labor al frente del Gobierno Civil, más allá de su función como representante del un régimen dictatorial. Todos, a derecha e izquierda, reconocen que Utrera hizo una labor social que hoy sorprendería por su progresismo para paliar los efectos de la última riada del Guadalquivir, la de noviembre de 1961 que dejó a miles de persona sin techo. ¿No tenía el Ayuntamiento nada más importante que hacer que cargarse la memoria de una persona que arrimó el hombro y ayudó a resolver problemas cuando Sevilla más lo necesitaba?

Debe ser la irresistible tentación de perder el tiempo en asuntos que no llevan a ningún sitio cuando hay tantas cosas por arreglar. Tentación en la que también cae con frecuencia la Junta de Andalucía. En febrero se aprobó en Consejo de Gobierno el II Plan de Igualdad de Género en Educación, que estos días sirve de motivo de cachondeo generalizado en las redes sociales. Alguien, a quien le pagamos un sueldo con nuestros impuestos, ha empleado horas y energías en "impulsar y favorecer la práctica escolar inclusiva mediante la utilización de un lenguaje no sexista en sus expresiones visuales, orales, escritas y en entornos digitales". Tras esta enrevesada y artificiosa redacción de esconde la sandez de tener que decir siempre niños y niñas, andaluces y andaluzas o utilizar personas con beca para no hablar de becarios o vecindario para no decir vecinos. En fin, una forma como otra cualquiera de transmitir la imagen de una administración preocupada por nimiedades mientras los problemas de verdad se eternizan sin que nadie les meta mano. Así nos va.

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