El balcón

Ignacio / Martínez

El tonto del pueblo

SOSTIENE Julián Muñoz que él era el tonto de la película. Y no. En primer lugar porque el modelo de corrupción introducido por Jesús Gil en Marbella no era una película casposa de Torrente, sino real como la vida misma: a Muñoz, si estaba en la luna de Valencia, le deberían haber devuelto a la tierra las cincuenta condenas y el centenar de procesos pendientes. Y en segundo lugar, él no tiene un pelo de tonto. A la hora de cobrar sus servicios a la Familia los cobraba a millón.

Son fascinantes estos juicios a los integrantes de la banda que asaltó el Ayuntamiento de Marbella durante quince años. En el proceso que se sigue en la Audiencia Nacional contra dos lugartenientes de Gil y Gil y otros treinta cómplices, tanto Julián Muñoz como Pedro Román le echan todas las culpas de la enajenación de 165 millones de euros al jefe de la Familia GIL.

Es evidente que Muñoz ha equivocado su carrera. En vez de intentarlo en la hostelería o en afanar lo ajeno, debería haberse dedicado al negocio en el que añora un papel de tonto. Habría tenido éxito como actor secundario. Un papel que le iría como anillo al dedo es un remedo del policía de Casablanca, que se embolsa su comisión del casino de Rick y cierra el establecimiento porque descubre escandalizado que allí se juega. No es posible que sus lugartenientes no supieran quién era y qué se dedicaba Jesús Gil y Gil.

Éstos no eran tontos. Ni tampoco lo eran los grandes jueces del Supremo, el Consejo General del Poder Judicial y hasta del Constitucional que acudían todos los años a Marbella con acompañante, durante una semana jurídica regalada por alcalde-constructor-presidente-de-club-de-fútbol. Tampoco se chupaban el dedo los partidos políticos. Empezando por el PP en la época del "¡váyase señor González!", con Arenas y Atencia recibidos en casa de Gil como íntimos de la Familia. Y seguido por todo quisque. En el posgilismo fueron imitados los métodos y cortejados otros lugartenientes del fallecido jefe del clan: en Marbella, Estepona, Manilva o Ronda se aliaron con gilistas de pro tanto populares como socialistas, y ni el PA ni Izquierda Unida se quedaron fuera del pastel.

Tonto aquí, nadie. Tampoco Isabel Pantoja. El dinero fácil en los locos años 2000 entusiasmó a mucho listo. Todo el mundo sabía y todos pensaban que eran inmunes. Y si acaso hubo un tonto fue el pueblo de Marbella, que después de que condenaran a Gil por corrupción y le inhabilitaran como alcalde acudió en 2003 a reiterar una mayoría absoluta a su heredero. Ya no cabía engaño alguno. Pero se empeñaron en seguir haciendo el papel del tonto del pueblo.

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