La tribuna

Enrique Soria Medina

Los toros en el siglo XXI

CON toda modestia he de subrayar que en el debate sobre la perpetuidad o no de la Fiesta de los toros en su contexto actual es fácil caer en posiciones que -según cómo y quiénes las formulan- hacen más o menos viable (obviedades de Pero Grullo) la permanencia de la mal llamada Fiesta Nacional. Posiciones que podemos resumir en:

1.- El debate de toros sí o toros no es -o debe objetivarse- exclusivamente en la defensa positiva o negativa de los derechos de los animales, que en una humanista visión de la vida parece ya indescartable. Si la tradición, (de cien o doscientos años a lo sumo) permitió que el toro muriese "ajusticiado" en la plaza, parece lógico que esta fórmula sea revisada en pleno siglo XXI, en el que muchas conductas del pasado han sido, afortunadamente a mi juicio, superadas.

2.- La coyuntura hoy, en el que intereses (incluso económicos) encontrados le dan al debate un signo fatalista y único en su desenlace, ofrece una solución si no salomónica sí contemporizadora como es admitir la Fiesta pero dejando vivo y libre al toro al término de ésta . Experiencias foráneas así lo demuestran.

No obstante, dicha solución plantea algunas cuestiones: a) Su inadmisión por los ultradefensores de la Fiesta sic stantibus. b) La difícil espectacularidad y morbo que lleva implícitas la escenografía de las corridas: color, música y sangre en el ruedo, como ingredientes innegociables. c) El conciliar tradición y negocio que obliga, democráticamente a pronunciarse a las administraciones públicas. d) El dictamen sociológico que muestran las nuevas generaciones sobre el declive imparable de esta manifestación festera ya que priman otros modos de diversión públicas. e) Estudiar la alternativa de admirar al uro en su medio natural , en condiciones de hacer compatible turismo y respeto al medio

3.- La contraposición de argumentos que se presentan por entidades, intelectuales y científicos tienen la lógica riqueza de datos contrastados pero, asimismo, la virtualidad real de prolongar el debate sine die. Cuando unos y otros se asientan , finalmente, en prejuicios individuales más que en razones sociales de peso. Por lo que la Fiesta la convertimos en un proceso permanente de tiras y aflojas, prosperando el mito de Sísifo.

4.- Mezclar churras con merinas es identificar el debate como un pulso entre partidos nacionalistas (regionalistas) con el nacionalismo jacobino; con lo que el problema se falsea y se deforma, tanto su planteamiento de base como su solución apartidista.

5.- Confiar que el asunto se pudra política y socialmente ; y que el problema se agote por consunción podría ser el fin de este problema. Puede que sea la alternativa que el tiempo y el cambio social impongan.

En todo caso, ni la crisis galopante que venimos sufriendo (unos muchísimo más que otros) va a darnos tampoco la clave de cómo afrontar este asunto: que desborda la circunstancia y se adentra en principios éticos y estéticos diferentes para un mundo diferente que ya deviene diferente.

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