los ciriales

José / Joaquín Gómez

Un trabajo desagradecido

ME refiero al de la junta superior del Consejo. No quiere ello decir que no mantenga cuanto exponía el pasado jueves sobre mis dudas respecto a la trascendencia de dicho trabajo, pues sus funciones, válidas y eficaces, se vienen delimitando cada vez más -quizá porque los propios cofrades así lo quieren (ahí duele)- a la organización de la Semana Santa, a los actos de convivencia y formación, sustentados mucho más por penitencia que por las otras dos secciones; con algún trabajo en mayo y algunas pinceladas sacramentales.

Y afirmo que esas funciones son quizá porque lo quieren los cofrades, porque aún no he olvidado aquella asamblea que se desarrolló en el salón de actos del antiguo Monte de Piedad en Villasís, donde se discutieron y votaron los estatutos vigentes; cuyo resultado final fue un clamoroso recorte de competencias del texto presentado. ¡Ay los celos!

Desengañémonos, es completamente necesaria la revisión de los estatutos. Prácticamente todas las hermandades han modificado sus reglas adecuándolas a las Normas Diocesanas, mientras que el Consejo mantiene un reglamento que ha quedado obsoleto y falto de funcionalidad.

Pero para abordar dicha reforma hay que sentarse primero en la Plaza de la Virgen de los Reyes y poner las cosas bien claras para que -sin que ello suponga restar competencias que están reservadas a la autoridad eclesiástica-, los cofrades -no olvidemos, los laicos- puedan opinar y expresar su parecer en cuestiones de vital importancia para el gobierno de de nuestras hermandades y para el futuro de nuestra Semana Santa. No se trata de imponer criterios, se trata de ser escuchados y de tener al menos la impresión de que nuestras opiniones son tenidas en cuenta a la hora de erigir nuevas hermandades, de autorizar salidas de nuevas cofradías, de aprobar modificaciones de reglas, o de intervenir en las posibles soluciones de diferencias surgidas en el seno de alguna junta de gobierno.

Estamos en el mismo barco y la nave hay que llevarla a buen puerto. Después de todo no hay tanta distancia entre la calle San Gregorio y la Plaza de la Virgen de los Reyes.

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