PATIO DE BUTACAS

José Joaquín León

La tradición y la modernidad

TODOS los años se habla de tradición y modernidad en el Carnaval de Cádiz. Sin embargo, a fuerza de no salir nuevos autores importantes, los que antes iban de modernos ya nos parecen clásicos. Luis Rivero, uno de los que eran considerados jóvenes, incluso lo asume en una de las letras de su comparsa Los carroñeros. ¿Es moderno Tino Tovar? ¿Lo es Jesús Bienvenido, el ausente del año?

La realidad es que hay buenos y malos autores. Martín ha pasado de Antoñito a don Antonio, después de 44 años en primer plano del Carnaval, es un clásico vivo. Pero cuando debutó en el Falla con Los mayordomos era modernísimo, revolucionó el cotarro de las comparsas, que en los sesenta tenía a Paco Alba como gran figura y a Enrique Villegas como su principal competidor. La modernidad depende de las circunstancias. Este año no ha salido ningún chaval de 18 años como el Antoñito Martín del 68. Los que hoy se dicen modernos empiezan a tener una pinta de puretas del Caribe que no se puede aguantar.

El problema es que la modernidad se utiliza casi siempre como excusa para adobar la mediocridad. Ciertos modernismos, ciertos efectismos, ciertas truculencias, sólo sirven para enmascarar la poca creatividad de las coplas. Hay gente que aplaude recursos fáciles, sin entender que el mérito del Carnaval no es eso, sino lo que se canta y cómo se canta.

A ningún coplero se le pide la fecha de nacimiento, pero es conveniente que la inspiración nunca les falte. El Carnaval del Doce va por derroteros peligrosos. Las letras de las coplas cada año sorprenden menos. Por el contrario, oyes a muchas comparsas antiguas y suenan a gloria. ¡Qué más quisieran ciertos modernos!

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