Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Una tragedia real

Cojan en su casa y marquen un espacio de seis por dos metros. Supongan que eso es una barca. Ahora, intenten colocar dentro de esos 12 metros cuadrados, a 48 personas. Boten su embarcación y mándenla a cruzar el Estrecho en oblicuo, para evitar controles y radares. Decenas de kilómetros, a la aventura, con olas de cuatro metros en alta mar. Imaginen que se avería el único motor y quedan a la deriva. Que sus tripulantes, unos subsaharianos que vienen famélicos de un viaje de miles de kilómetros, se mueren de sed y de hambre durante cinco días. Que nueve niños de entre 1 y 4 años fallecen en la zodiac y hay que arrancárselos a sus madres de los brazos para arrojarlos al mar. Piensen que no es un juego, sino un hecho real que termina en la costa de Almería, ayer mismo. Y procuren ventilar sus pulmones, porque les puede dar un ataque de ansiedad.

La gente de Cruz Roja y los equipos de emergencia que han acudido a socorrer a los 34 supervivientes se han quedado conmovidos por esta tragedia. No podían hablar, no podían sostener un vaso de agua con la mano, no podían tenerse en pie. Una mujer en estado de shock pedía a gritos que buscaran a sus dos hijos, que estaban entre los muertos en el trayecto. Sólo un bebé de los 10 que iniciaron la travesía ha sobrevivido. Me gustaría saber los diez nombres, su lugar de origen y los todos los detalles del éxodo desde su país natal.

El Gobierno, en un gesto de sensibilidad, piensa hacer una excepción en la aplicación de la ley que obliga a expulsar a quienes entran ilegalmente en el país. Europa empieza a tener una política de inmigración, pero es dura y restrictiva. No queremos ilegales, pero no hay manera de impedir a los pobres que nos asalten: en Malí tienen una renta per cápita 20 veces menor que la de España.

La emigración, sin embargo, es todavía un fenómeno pequeño. En todo el mundo hay unos 200 millones de emigrantes. Pero más de una cuarta parte de ellos está en Europa, en donde les vemos con reticencia. Es paradójico, porque 70 millones de europeos representaron el 80 por ciento de todas las migraciones mundiales entre 1800 y 1960, en particular a América y Australia. 

Ayer Zapatero desde Grecia volvió a hablar del 0,7% del PIB para los países en desarrollo. Todos estamos de acuerdo en que la mejor manera de evitar los éxodos contemporáneos es desarrollar los países originarios de la emigración clandestina. Pero en el mejor de los casos, la ayuda global de toda la Unión Europea al desarrollo no alcanzará el anhelado 0,7 hasta 2015. Y lo previsto en cooperación para toda el África subsahariana es 22.000 millones de euros de 2008 a 2013; el presupuesto de la Junta de Andalucía del año 2004. Tenemos buenos sentimientos, pero poca disposición. Lo pagaremos.

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