desde mi córner

Luis Carlos Peris

Si la trampa es de cosecha propia...

La sanción a la lluvia de balones debe ser leve si viene del público y muy grave si es estrategia del anfitrión

DESPUÉS de la vergonzante práctica de lanzar balones al campo con vistas a que el crono corra y el juego no, para que la corta victoria local se traduzca en triunfo definitivo, la Federación va a tomar medidas. Eso de que todo se saldara con veinte mil duros de multa sonaba a sarcasmo parecido a lo de aquella multa tan corta por una bofetada y que provocaba que al agresor le entrasen ganas de reincidir. ¿Veinte duros, señor juez? Pues tenga cuarenta que voy a pegarle otra leche. Muy similares ambos casos, el de la agresión y el de tirar balones al campo para que el partido se colapse y los puntos se queden en casa.

Todo empezó una noche en Pamplona con motivo de la visita del Real Madrid. En el calentamiento, Cristiano ensayó tiros lejanos y éstos se fueron a la grada para que no retornasen todos los balones perdidos. Como Osasuna iba ganando de forma apurada, uno de esos balones cayó al terreno de juego con el consiguiente parón del partido. Seiscientos euros de multa y abierta la veda, ya que por ese precio... Unas jornadas más tarde, el amenazado Zaragoza recibía al Getafe y más de lo mismo, pero con la agravante de que esta vez los balones surgían del banquillo local. A pesar de eso, nuevamente los seiscientos pavos de multa y a ver dónde la próxima.

La próxima ocurriría el Domingo de Resurrección en el Sánchez Pizjuán cuando la visita de un Villarreal que entonces parecía rival bastante directo. Balones a granel para guardar el 3-2, la culpa a los recogepelotas, otra multa ridícula, Del Nido que toma medidas, Cristóbal Soria que pone sus barbas a remojar y desde ese día los recogepelotas se convierten en las recogepelotas. A partir de ahora, la impunidad será más complicada de conseguir y hasta puede que exista la posibilidad de castigo tan injusto como el de condenar a toda una afición por el gamberrismo de algunos. Claro que si es trampa de propia cosecha, toda sanción se queda corta, insignificante.

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