La ciudad y los días

Carlos Colón

Así no se trata a una dama

TOMO prestado el título de una vieja película para suplicar, pedir o exigir mejor trato municipal a Sevilla. Aplaudía ayer algunas iniciativas -peatonalización, carril bici, solución a los desastres históricos de la Encarnación y la Alameda- añadiendo que, no porque se trate de buenas ideas, pueden ejecutarse de cualquier manera. Peatonalización sí, pero no sin alternativas de accesibilidad ni desfigurando paisajes urbanos. Carril bici sí, pero no a costa de los peatones. Reurbanización de la Alameda sí, pero no convirtiéndola en un hortera desierto de losas amarillas. Solución a las tres décadas de abandono de la Encarnación sí, pero no con una seudo moderna intervención que interpreta de la peor forma el lema del arquitecto Koolhaas: "¡jode el contexto!".

El asunto del cambio de fechas de la Feria representa el despego para con las costumbres de la ciudad y la ignorancia de su historia, el descuido con que se abordan cuestiones patrimonial, simbólica y económicamente relevantes, el desprecio con que se trata a los sevillanos y la improvisación chapucera con que todo se hace. Si en su día se acusó -en parte injustamente- al regionalismo arquitectónico de convertir Sevilla en un decorado para turistas, lo que se está haciendo hoy sí que supone la conversión de la parte más representativa de la ciudad en una falsificación vulgar y franquiciada, un parque temático vaciado de vida propia.

El disparate de mover la feria al uno de mayo para fomentar la llegada de turistas y dar un festivo a los sevillanos -disparate económico porque superpone dos fechas importantes para los hosteleros anulando una de ellas, disparate histórico porque desde que se creó es la feria de abril, disparate "tematizador" que nos convertiría definitivamente en nativos exhibidos ante los turistas- es otra muestra de ese despego, esa ignorancia, ese descuido, ese desprecio y esa improvisación que ignoran los juegos de espejos, representación y trampantojos que han tejido a Sevilla.

Deberían releer la polémica y provocativa Teoría de Andalucía de Ortega y Gasset en la que, si de una parte se escribe que "el andaluz (…) se complace en darse como espectáculo a los extraños, hasta el punto de que en una ciudad tan importante como Sevilla, tiene el viajero la sospecha de que los vecinos han aceptado el papel de comparsas y colaboran en la representación de un magnífico ballet anunciado en los carteles con el título Sevilla", de otra se afirma: "Lo admirable, lo misterioso, lo profundo de Andalucía está más allá de esa farsa multicolor que sus habitantes ponen ante los ojos de los turistas".

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