PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

El tricornio de Valderas

RETORNO al pasado. Una semana tras otra, el calendario avanza pero Andalucía retrocede porque tiene secuestrado su futuro en manos de un Gobierno bajo sospecha. La política en tiempos de emergencia es rehén de la corrupción que no ha sido depurada en sede parlamentaria. El escándalo de los ERE es el peronismo sociológico del que se benefician quienes meten el cazo en la olla podrida: políticos, sindicalistas, empresarios, bufetes,... Y ha tenido que ser la Guardia Civil, benemérita en su búsqueda de la verdad, el agente antisistema de los desmanes que estructuran las relaciones de poder para vivir del pesebre y dejar en la miseria a la Andalucía de los honestos a los que les roban el porvenir.

Credibilidad cero la de Susana Díaz para tildar de persecución inquisitorial la labor de la juez Alaya y de los guardias civiles. Todo lo que se ha ido negando se ha constatado después que era cierto. Y las barrabasadas y negligencias vinculadas a los ERE causarían destituciones fulminantes en las principales naciones europeas. Porque conculcan los más elementales principios de la moral y la política, sólo algunas tienen alcance penal. La víctima no es el Gobierno, ni el PSOE que domina la Administración autonómica desde su fundación. La víctima es la sociedad andaluza, presa de las mentiras que le inyectan para que se aficione a la ilegalidad, a admirar por lo bajini a quien se lo lleva calentito, y a conformarse con trabajar poco y vivir de la sopa boba si no puede emularles. La víctima es la democracia, devorada por un cáncer promovido desde la propia Administración.

Ayer era jornada de debate para los militantes socialistas. ¿Autocrítica por todo lo que se sabe sobre la urdimbre institucional de los fondos de reptiles? No, gracias, tenemos que luchar por formar las camarillas del poder orgánico. ¿Avergonzados por ser descritos como corruptos desde la Guardia Civil? No, si eso le pasa a cualquiera...

Que el PP andaluz sólo sobresalga con las críticas al escándalo de los ERE, porque desde que ganó las elecciones y perdió su opción de gobernar, está haciendo una pobrísima labor política en aras a aportar soluciones a la situación de emergencia que vivimos, no justifica un ápice el ominoso silencio en las filas del PSOE. Mientras no se consume el caiga quien caiga, el Gobierno de Griñán es un esperpento hipotecado por un pasado repugnante. Y quien lo sostiene es Diego Valderas al frente de Izquierda Unida. En su cambio de chaqueta de opositor a vicepresidente, ha moderado rápidamente sus exigencias éticas, si fuera coherente con lo que defendía antes de las elecciones tendría que pedir la destitución de compañeros de gobierno, de diputados nacionales y autonómicos. Si quiere que los andaluces sepan la verdad, Valderas puede elegir ponerse el tricornio, la boina o el sombrero de ala ancha. De lo que no puede zafarse es de sus promesas.

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