La ciudad y los días

Carlos Colón

Tan tristes, tan solos

NO es el Tombstone (Arizona) de 1881 dominado por los Clanton, ni el Chicago (Illinois) de los años 30 de Capone y Luciano. No, no es una de esas antiguos pueblos sin ley ni una de esas gigantescas ciudades en las que la miseria y el delito, conviviendo con la opulencia, convierten barrios enteros en zonas prohibidas; es El Viso del Alcor, el bello y simpático pueblo sevillano en el que conviven 16.597 vecinos. Sin embargo, allí, como en Tombstone, cambiando el caballo de los asaltantes de bancos por una moto, o como en Chicago, cambiando las ametralladoras por una pistola, a pleno día y en pleno centro, en la media mañana de un mercado de abastos abarrotado, dos guardias de seguridad fueron acribillados para robarles las sacas de dinero. Como ustedes ya saben, uno murió tras recibir un tiro en el estómago, dejando viuda y un hijo, y el otro se recupera tras haber recibido cinco balazos.

No es un delito propio de El Viso del Alcor, en el sentido en que no es proporcional al tamaño, número de habitantes y carácter del pueblo. Tampoco lo sería de una ciudad más grande, como Sevilla, que cuenta cada vez con mayores zonas que se han hundido de la modestia en la pobreza hasta caer en la marginalidad. El tipo que disparó a los dos guardias sabía a lo que iba -robar al precio de la vida humana- y lo que hacía -no se dispara seis veces accidentalmente-. El botín que se llevó era para él mucho más importante que las vidas humanas contra las que atentó con la deliberada voluntad de asesinarlos a los dos, como lo demuestran las cinco veces que disparó contra el superviviente, y también mucho más importante que la familia que ha destrozado.

Además de lo que hacía, sabía también lo que le pasará si le cogen. Recibirá unas atenciones por parte de sicólogos, religiosos y asistentes sociales que no recibirán la viuda y el huérfano de este hombre bueno comprometido con la adopción y empeñado en ensanchar su horizonte cultural. Le será impuesta una condena escandalosamente leve que aún se acortará con la aplicación de los beneficios penitenciarios. Matar sale barato en España, lo he escrito muchas veces. Tanto en los casos de terrorismo o pederastia que provocan mayor alarma social -excarcelación de De Juana Chaos el próximo dos de agosto, asesinato de Mari Luz- como en el de otros delitos. Al guarda de seguridad, al contrario que a su asesino, le han arrebatado todos sus derechos y todo su futuro. Los muertos no se reinsertan. Ya lo escribió Bécquer: "Hay algo que explicar no puedo, que al par nos infunde repugnancia y duelo, al dejar tan tristes, tan solos, los muertos".

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