Editorial

Un triunfo de los derechos humanos

POR un solo voto de diferencia, el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha empezado a derruir una política antiterrorista que el presidente Bush, bajo el impacto de los atentados del 11-S, impuso a la comunidad internacional para sonrojo del mundo civilizado. Lo que los magistrados han fallado es algo tan elemental como que los presuntos terroristas presos en la base de Guantánamo tienen derecho a ser juzgados, y defenderse, ante los tribunales civiles norteamericanos. Los asesores de Bush, en efecto, habían creado una zona de impunidad en la aplicación del Derecho Internacional, al considerar "combatientes enemigos irregulares" a los sospechosos de terrorismo literalmente secuestrados en diversos países y conducidos a una base que, por el eufemismo de estar situada en territorio cubano, fueron privados de los derechos más elementales. Hasta ochocientas personas han pasado por este recinto ilegal, donde han sido sometidos a torturas sin ser presentados ante la autoridad judicial en aplicación del hábeas corpus, una de las instituciones centrales de la democracia frente al reinado de la arbitrariedad, el mismo que ha permitido los vuelos secretos y los traslados irregulares a y desde diversos países con prisioneros a los que se ha aislado incluso de sus familias durante años. La lección que debe extraerse de estos hechos es inequívoca: no todo vale en la lucha contra el terror. Equivocadamente, la ya languideciente Administración Bush reaccionó a la barbarie de las Torres Gemelas con una política unilateral, sin contar con Naciones Unidas y dictada a los aliados tradicionales de la gran democracia americana, en absoluto olvido de las prácticas y los principios del Derecho. Es una muestra de la solidez democrática de EEUU que haya sido el propio Tribunal Supremo norteamericano el que haya frenado finalmente la infamia, denegando la posibilidad de instalar a la fuerza a cientos de personas, por muy sospechosas que fueran, en un limbo jurídico en el que todo derecho es susceptible de ser pisoteado y todo atropello cometido.

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