Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un triunfo tan sufrido como gozoso

PARECÍA que la maldición del día seguía vigente y que nuevamente a España iba a serle imposible ganar en 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua. Era un continuo acarreo de fútbol hasta el regazo del incombustible Cech, pero el marcador permanecía incólume. No era diálogo sino soliloquio para que todo razonamiento acabase en el frontón que los checos habían montado delante de su fantástico guardameta.

Muchas sombras revoloteaban sobre el subconsciente de este choque inaugural. Que si aquel autogol de Zubi fente a Nigeria, la mala salida de Molina ante Noruega, el frustrante empate con Uruguay en Italia 90 o el sofocón del horrible debut ante Holanda hace dos años en Brasil. Datos que, ayudados por ese gol que no llegaba, proporcionaban una sensación de inquietud y de incertidumbre que sólo se rompería a tres minutos del final con el gol del triunfo.

Después de tantos acarreos y de tantísimas oportunidades de batir a Cech, un servicio más del enorme Iniesta lo cazaba Piqué para que se gritase gol con toda la fuerza de cada par de pulmones. Y, además, un gol tan preciado y precioso era materializado por Piqué, ese hombre que ha de pechar con la sinrazón en cada campo de España y que me imagino ya se habrá quitado ese estigma para siempre. Gol de oro y resultado de platino para embocar con optimismo el torneo.

Me gustó España y hasta me llegó a recordar en algunas fases a la España que conducía Xavi. Lo que ocurre es que a ésta le juegan de otra manera, pues no hay un solo rival al que le avergüence poner a todo el equipo por detrás del balón. Y me imagino que el día que acierte pronto con la red enemiga va a hacerle un saco a cualquiera. Fue una victoria muy trabajada y tremendamente sufrida para sacarla adelante sobre la última campana, justamente como más gusto da.

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