La crónica económica

Manuel Hidalgo

Una última oportunidad para el BCE

ES muy cierto aquello de que en circunstancias adversas incluso un buen gobernante puede parecer errático. Que se lo digan a monarcas que a lo largo de los siglos han tenido que afrontar vicisitudes que han oscurecido su legado o condicionado en extremo su gobierno. Por ejemplo, uno de los emperadores más celebrados por el pueblo austriaco, Francisco José I, fue el que (casi) puso punto final a su propio imperio después de 60 años de reinado. Él siempre dijo que las circunstancias nunca le habían permitido marcar los objetivos de su política, sino al contrario.

Algo parecido le pasa al señor Trichet, el gobernador del Banco Central Europeo (BCE). Las actuales circunstancias económicas por las que atraviesa el mundo y en particular Europa le van a condicionar de forma importante en los próximos meses, hasta tal punto de que es muy probable que no lleve a cabo la política que desee. La elevada inflación provocada por los factores que de sobra conocemos determina ya necesariamente un endurecimiento de la política monetaria. Sin embargo, esta medida se ha postergado por los riesgos existentes en los mercados financieros. Se ha primado estabilidad crediticia frente a estabilidad de precios.

Es por ello que el BCE se enfrenta a una controversia abrumadora. El nerviosismo es palpable. Ellos saben que si quieren apaciguar los precios es necesaria una subida de tipos (ni siquiera un mantenimiento). Sin embargo esta subida haría mucho daño. Reduciría aún más el crecimiento, elevaría la carga financiera de familias y gobiernos e incluso, sin otras variables en juego, impediría un ajuste del euro en niveles más bajos con respecto al dólar, muy necesario si no queremos cortar de raíz el proceso de crecimiento en países como Alemania y Francia. Todos sabemos que esto no es lo que el BCE prefiere, pero es lo que tendría que haber hecho ya.

El que el BCE no haya subido los tipos significa, sin embargo, que le da una última oportunidad a la inflación y que las riendas de la política monetaria está aún en manos de Trichet y no de Eurostat (la agencia estadística de la Unión Europea). Pero el crédito se ha acabado, por lo que el mantenimiento de tipos de ayer es la última posibilidad de obviar las circunstancias. Si la inflación no se modera y el precio del crudo no frena su crecimiento es seguro que los tipos se elevarán en la próxima reunión. Frente al coste de subirlos descrito en líneas anteriores, bajarlos o mantenerlos si nada cambia conllevaría un riesgo enorme, ya que dicha decisión en este ambiente de inestabilidad de precios puede provocar un aumento de las expectativas inflacionistas y, por ello, que el repunte inflacionario se consolide.

En definitiva, la obligación de subir los tipos no es la que preferiría el BCE, pero es casi la única factible en la actualidad. El BCE se ha dado una última oportunidad manteniéndolos. Sin embargo, si las circunstancias no cambian esta oportunidad de no primar la inflación será la última, y el BCE no tendrá más remedio que responder adecuadamente a pesar de que no sea lo que más desee.

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