La tribuna económica

Rogelio / Velasco

El último cartucho

LA Reserva Federal norteamericana situó ayer el tipo básico de descuento en el 0,25%. Este nivel, junto a las enormes masas de dinero que están circulando en el mercado interbancario, sitúa al tipo efectivo entre el 0% y el 0,25%. Después de este movimiento, la política monetaria al otro lado del Atlántico se queda sin munición para estimular la economía ¿Qué queda por hacer después de esto?

Como ya se ha señalado -y se continuará señalando- una política fiscal agresiva que parcialmente compense el brutal descenso del gasto privado, es la única herramienta macroeconómica que les queda a los gobiernos. De las dos posibles opciones, rebaja de impuestos e incremento del gasto público, me inclino claramente por la segunda, por dos motivos.

Primero, porque una parte de la rebaja de impuestos se ahorraría, no se gastaría, lo contrario de lo que las economías necesitan hoy. Y segundo, porque el gasto debe materializarse en los factores que aumenten la capacidad de crecimiento a largo plazo. Con el gasto privado esto no está garantizado; con el público si lo está, si la asignación es la adecuada.

El hecho de que necesitemos incrementar el potencial de crecimiento a largo plazo, deriva de la mayor necesidad que tendrán los gobiernos durante los próximos años de amortizar ingentes cantidades de la deuda pública que hoy se está emitiendo. Gastaremos hoy mucho más, pero hay que pagar mucha más deuda en el futuro próximo.

Una asignación adecuada del dinero público es la materialización en infraestructuras que apoyen a la actividad productiva: mejora en las carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles y en todas las plataformas relacionadas con la logística. Actividades de I+D que estén vinculadas a las necesidades de las empresas, especialmente aquellas que presenten claras posibilidades de crecimiento (energías alternativas, actividades ambientales, etc.). En la sociedad de la información, la rápida extensión de la fibra óptica sería una gran contribución.

Ahora bien, si dedicamos el dinero a actividades distintas, ya sean para financiar gasto corriente (como será la exagerada elevación de pensiones del próximo año en España: un 6% frente a una inflación estimada del 1%) o bien a otras infraestructuras, resultará mucho más costoso el pago futuro de la deuda.

La ampliación de un campo de fútbol, como he leído en algún medio andaluz, puede mejorar el bienestar de los aficionados locales a ese deporte, pero su contribución al crecimiento a largo plazo -para pagar la deuda que ahora estamos asumiendo- es nula.

En Estados Unidos, el gobierno Federal ha solicitado a los estados y a los ayuntamientos la relación de proyectos de inversión para ver si cumplen determinados requisitos. Desconozco la capacidad de gestión en nuestro país para realizar algo similar, pero el gobierno central debería condicionar los recursos transferidos a proyectos que directamente contribuyan a crecer más a largo plazo.

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