Paisaje urbano

Eduardo / osborne

La universidad "bolonizada"

CUANDO todavía en tiempos del presidente Zapatero España decidió integrarse en el Espacio Europeo de Educación Superior (vulgo Bolonia) no abundaron los que calibraron las verdaderas consecuencias que dicha decisión podía provocar para nuestra Universidad y para todos los que tenemos relación con ella. Ya entonces se demandaban reformas que adecuaran la vieja institución a la realidad de un mundo cada vez más complejo y globalizado, y de esta manera se ponía el rumbo hacia posiciones ya transitadas por nuestros principales vecinos del norte, con el modelo anglosajón de grado generalista y máster específico como referente.

Así fue como nuestras añoradas carreras de cinco años, con el profesor dictando su lección magistral ante los abnegados alumnos de las primeras bancas y los despistados de las últimas, pasaron a convertirse en los pobretones grados de ahora, en tanto las asignaturas, cual distinguidas marquesas venidas a menos, devinieron en el mejor de los casos a cuatrimestrales. El profesor ya no clama su perorata al aire antiguo de la clase, sino que interactúa con los alumnos en presentaciones digitales tecleadas a toda prisa en dispositivos móviles de última generación.

Con gran esfuerzo, mi Universidad fue pionera en la ejecución con todas sus consecuencias del plan Bolonia, y en mi corta experiencia, en verdad he visto más luces que sombras. Es más, en muchos casos el alumno agradece una formación menos teórica, más funcional, apoyada en instrumentos que deberá utilizar en el complicado mercado laboral al que sin mucha demora habrá de encarar. Bolonia es modernidad, es diversidad, es movilidad, es Europa, cierto, pero también es competitividad y es (ahí duele) financiación.

Ahora el malvado Wert ha dado otra vuelta de tuerca abriendo la puerta a la posibilidad de ofrecer grados de tres años, potenciando de manera implícita los costosos másteres bajo la excusa de la convergencia con las principales universidades europeas y dicen que espoleado por las universidades catalanas, las más competitivas, las mejor financiadas. Cualquier rebaja del título, en cualquier caso, es para mí una mala noticia. Y si el éxito del modelo va en consonancia con la dotación económica, no hace falta tener un máster por la universidad de Cambridge para adivinar quiénes serán los más perjudicados por la última ocurrencia.

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