Tribuna Económica

Rogelio / Velasco

D uras alternativas para grecia

SIN que hasta el momento se clarifique la situación, las dos alternativas que se presentan para Grecia -continuar o no en el euro- son durísimas. Aunque Grecia está apostando por una variación de la primera: permanecer en el euro pero con una reducción sustancial de la deuda.

La alternativa de permanecer en el euro obligaría al gobierno griego a aumentar aún más los recortes, porque resulta imposible que con la actual estructura de ingresos y gastos públicos, el gobierno logre estabilizar, primero, y reducir más tarde, la deuda con relación al PIB. Pero aun modificando en profundidad ingresos y gastos, la economía griega tendría ante sí el reto de crecer. La historia reciente -de los últimos 35 años- no arroja un balance precisamente positivo sobre este aspecto.

Desde el año 1981 hasta el pasado 2014, la productividad total de los factores de la economía creció un 0,1%. Esto implica que el crecimiento de la economía por el lado de una mejora de la oferta productiva ha sido prácticamente nulo. La competitividad de la economía griega no ha mejorado durante todo este periodo tan prolongado.

El crecimiento, por tanto, ha venido por el lado de la demanda: el consumo de las familias y el gasto público del Estado. Para que ese tipo de crecimiento pueda materializarse, ha tenido que venir acompañado de un crecimiento continuado del crédito y del endeudamiento, tanto del sector público como del privado. Una economía con ese modelo de crecimiento está abocada, en el medio plazo, a un brusco frenazo, en cuanto los mercados no concedan más financiación.

Es posible que, dado el nivel de competitividad de la economía, la pérdida de renta provocada por la crisis, sea una pérdida permanente que nunca pueda recuperar. Con el nivel de competitividad que presenta, la renta por habitante sostenible está mucho más próxima a la actual que a la que detentaba antes de la crisis. Esto genera dudas incluso sobre los efectos de una reducción de la deuda.

Las soluciones adoptadas hasta ahora no han funcionado: quitas de deuda, aumento de los plazos de vencimiento y reducción de los tipos. La reestructuración de 2012 significó una reducción de la deuda del 30%. El vencimiento medio de la deuda se aumentó hasta los 16 años -comparada con 6,2 años para España. El pago de intereses en relación con el PIB se ha reducido de más del 7% al 4% (menor que Portugal, Italia e Irlanda).

Pero la otra alternativa -la salida del euro- sería mucho peor. La reintroducción del dracma, se supone que aumentaría la competitividad. Pero una elevada inflación y una reducción del gasto público serían los efectos inmediatos. Adicionalmente, el problema estructural de Grecia es que tiene poco que exportar. Es una economía poco competitiva y carente de diversificación. Además de algunos productos agrarios, el turismo -que representa el 20% del PIB- es la única fuente importante de generación de superávit por cuenta corriente con el mundo exterior. No cabría, por tanto, esperar una rápida recuperación de la economía en el caso de introducir una nueva moneda.

El Gobierno de Tsipras ha convertido la negociación con la UE en una cuestión de orgullo nacional. Esa actitud, llevada a sus últimas consecuencias, genera una mayor catástrofe dentro de la catástrofe.

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