La ciudad y los días

Carlos Colón

En urna de Laureano de Pina

EN urna de Laureano de Pina, como el cuerpo incorrupto de San Fernando, podría estar el alcalde de Sevilla: revestido de los símbolos del poder, pero momificado. Si es o no un cadáver político, y si su antiguo amigo, cómplice, colega, servidor y ejecutor urbanístico será el gusano que se lo coma y finalmente intente ocupar su trono como futuro candidato del PSOE a la Alcaldía, sólo el tiempo, los astros -porque el señor Carrillo es muy dado a los esoterismos- y la tortuosas estrategias de partido lo dirán. De momento, el alcalde está tiesecico y amojamado en la urna de su autoridad tambaleante, expuesto a la veneración de los atribulados fieles que le queden.

¿Es buena o mala para Sevilla esta crisis? Es indiferente. Monteseirín y Carrillo son las dos cabezas y las dos fauces de un mismo dragón, el PSOE sevillano, empeñado en comerse (léase desfigurar, profanar, acatetar, seudomodernizar) la ciudad: hasta antié las dos fauces escupían al unísono su fuego en forma de setas, de catenarias, de plazas duras como sus caras y de desolada deforestación sobre la Encarnación, la Avenida, las plazas de la Alfalfa, de la Pescadería o del Pan, la Alameda y la ciudad entera. A partir de ahora no lo harán al unísono, pero seguirán escupiendo ese fuego. Emilio Carrillo será un verso todo lo suelto que se quiera, pero del mismo poema bufo. Con el horizonte de futuro de este PSOE -tanto monta, monta tanto Emilio como Alfredo- Sevilla puede decir lo que el judío al que otro judío le preguntó quién ganaría la recién declarada Primera Guerra Mundial: "Quién sabe quién la ganará; lo seguro es que la perderemos nosotros".

En catalepsia política el PA y no aportando más que demagógicas bufonadas IU, convendría que el PP armara bien a su caballero candidato Zoido (buen diagnóstico el suyo sobre la actual situación municipal: "En el Ayuntamiento hay mucho poder y poco gobierno") para que cargara con éxito contra el dragón socialista en las próximas elecciones. Esta interna ruptura puede ser utilizada por el PSOE sevillano para dar la sensación de que hay otra alternativa distinta y mejor que la agotada, derrotada y desprestigiada que representa Sánchez Monteseirín (quien, no se olvide, perdió las últimas elecciones forzando el abusivo pacto con IU: nunca tan pocos votos -25.772- dieron tanto poder). No se dejen engañar: lo de Sevilla no una es cuestión ideológica que se dirima entre izquierda y derecha o progresismo y conservadurismo; es una cuestión de supervivencia patrimonial y de crecimiento decente -es decir, verdaderamente progresista, moderno y solidario- de la ciudad.

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