Por si acaso

pablo / gutiérrez-alviz

Esto va para Rato

LA estatura de un personaje público hay que medirla tras ponderar su trayectoria a fin de concluir si estamos, definitivamente, ante un superhombre de la política que se ha mantenido de forma continuada por encima de cualquier interés particular. Rodrigo Rato, siempre envarado, ha pretendido ser un ejecutivo riguroso que despreciaba el dinero como algo que tenía por castigo desde la cuna.

Rodeado de buenos asesores, supo aprovechar la bonanza económica de finales de los noventa, aunque inyectó los primeros gases que trajeron la burbuja inmobiliaria. En 2003, siendo vicepresidente del Gobierno, osó graduarse Doctor en Economía por la Complutense. Como si una tesis se hiciera a ratos perdidos. ¿Cuándo estudiaba? ¿En qué momentos podía escribir?

La huida del Fondo Monetario Internacional demostró su falta de talla, que se fue achicando, aún más si cabe, por el ansia en acaparar puestos en los consejos de administración de grandes entidades financieras. Ahora, pillado en lo de las tarjetas opacas al Fisco, manifiesta que aquellos gastos eran de representación o formaban parte de su retribución, y que suponía que estaban regularizados tributariamente por la propia entidad. Llegó a sacar cerca de 9000 euros en un mes de cajeros automáticos y, para echar sus buenos ratos, cargó casi 400 euros diarios durante una semana en una discoteca. Algunos de sus acérrimos defensores insinúan, con maldad, que esto es habitual en la empresa privada.

Súper Rato, como su antecesor, el nefasto Blesa, compraba con estas tarjetas a los consejeros de Bankia, quienes luego, como estómagos agradecidos, firmaban las cuentas que les pusieran por delante. Cierta prensa prefiere resaltar este escándalo por el tarjeteo de los consejeros sindicalistas o de izquierdas. Pero parece más sangrante el abuso por aquellos que han desempeñado altos cargos como los antiguos secretarios de Estado, de Hacienda (R. Ponga) de Comercio (F. Norniella) y el ex jefe de la Casa del Rey (Spotorno), entre otros. Todos sabían, sin excepción, un rato de economía.

En el Derecho Canónico existe la dispensa super rato para anular el matrimonio no consumado. Curiosamente, Rodrigo Súper Rato intenta conseguir una variedad de dispensa o perdón a pesar de haber demostrado que es un consumado doctor en (su propia) economía desde hace muchos años. Aquí no caben nulidades: esto va para rato.

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