Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

Le va la marcha

SEXO y látigo. Pablo Iglesias recurre de modo inquietante al sexo cuando se trata de atacar a sus contrincantes. Le va la marcha. "Pedro, sólo quedamos tú y yo". Sus picantes insinuaciones serían la de un viejete rijoso si no fuese por su temprana edad y por su moderno tocado de pelo. Él se lo puede permitir. Imaginen que fuese un dirigente del PP, Torres Hurtado, por ejemplo, quien se dirigiese al Congreso con este tipo de atenciones. Ayer le tocó el turno a los periodistas que acompañan a Podemos en sus tareas habituales; después de comentar que entre los informadores y los políticos morados hay una relación paradójicamente "sexy" que debería ser objeto de estudio psicoanalítico, la emprendió contra un redactor de El Mundo. Todo dicho de un modo muy aterciopelado, pero tan punzante como el fino tacón de aguja con el que se pasea por la escena nacional. Cuando una redactora se solidarizó con el compañero y le espetó a Pablo Iglesias que le había faltado al respeto, el gran líder la cortó de seco: "Esto es la universidad, no una rueda de prensa". A su juicio, en las universidades, y él estaba en la suya, en la Complutense, se deben encajar los latigazos como si fuesen meros envites dialécticos. O gritar de placer cada vez que el gran líder la emplea a mamporros contra nosotros.

¿Se ha equivocado Pablo Iglesias al atacar de este modo a la prensa? No, no sean ilusos, aunque el líder de Podemos tiene días blancos y días negros, horas de ángel y horas de diablo, la estrategia de Iglesias está muy bien medida: se trata de amedrentar al periodista, de denigrar a quien no comulga con él para invalidar sus informaciones ante su parroquia, de satanizar al opositor, que es lo que se hace en Venezuela o en Irán. España es un país muy cobarde, lo estamos viendo durante estos días, cuando se ha revelado que un par de matones de ultraderecha tenían amedrentado a la mitad de Íbex y casi al total del poder financiero.

Podemos no es un peligro para la democracia como sostienen algunos poderes económicos, pero Iglesias sí lo es: ¿qué le ocurriría a esos periodistas si él fuese vicepresidente del Gobierno? ¿Y si controlase el CNI? Podemos cuenta con cientos de miles de votantes bienintencionados, indignados de izquierdas que no se merecen a este caudillito, pero las virtudes de sus electores no mitigan su mala sombra. Comienza la campaña, a Podemos le van mal las cosas pero Pablo retorna a ese periodo en el que cree que se mueve mejor: en las campañas electorales, sueña con meter un triple al PSOE. Le va la marcha.

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