La esquina

José Aguilar / Jaguilar@grupojoly.com

Lo que vale Magdalena

ENTRE las cosas de las que presume Magdalena Álvarez, que no son pocas, destaca la apuesta inversora por Andalucía desde que asumió el Ministerio de Fomento. Se enorgullece de barrer para casa. Incluso ha llegado a sostener que los nacionalistas la critican tanto por ser andaluza. "No lo pueden soportar", dice.

Paradójicamente, para abortar su reprobación por el Congreso de los Diputados, el Gobierno ha recurrido -además de al voto de dos tránsfugas, antes vituperados- al mercadeo con dos grupos parlamentarios nacionalistas. El gallego BNG, con dos escaños, ha conseguido así que se traspasen a la Xunta de Galicia las competencias sobre seguridad vial y el compromiso de aprobar en el Senado diez millones de euros en inversiones para su tierra. El vasco PNV, por su parte, ya ha pactado 14,5 millones y el apoyo de los socialistas de allí a los presupuestos de Ibarretxe.

Es curioso: los que, según ella, la denuncian por andaluza y discriminatoria a favor de Andalucía son los que le han permitido no ser calificada de réproba por el órgano que encarna la soberanía popular. Algo no encaja. La ministra de Fomento no ha sido políticamente reprobada, pero no porque la mayoría de los diputados electos coincidan en que su gestión ha sido positiva, sino solamente porque dos grupos menores de diputados han alquilado su voluntad para obtener lo que reprochan a la ministra menguante: beneficiar a sus respectivos territorios. A veinticuatro millones y medio de euros ha ascendido la tasa que han pagado los españoles no vascos ni gallegos para que Magdalena saque pecho y salude desde los medios del hemiciclo.

Envalentonada por la derrota de su reprobación e incontinente por naturaleza, la ministra presumió en el Congreso de que, contra lo que parece, ella recibe muchas cartas de apoyo. Recibida la afirmación con muestras de cachondeo desde los bancos opositores, Magdalena Álvarez redondeó: "Sí, señorías, sí, porque hay gente normal. Todo el mundo no va a ser como ustedes. Hay gente normal, gracias a Dios". La teoría no puede ser más estupefaciente: la gente que le escribe a la ministra defendiéndola en estos momentos de zozobra es normal; la que la critica no. ¿Anormal? ¿Subnormal? Aguardemos a un próximo capítulo de este apasionante carrusel que ya hemos vivido con otros personajes que, en su caída del pedestal, han pronunciado cada día frases más desdichadas que el día anterior, pero menos que el día siguiente.

Y así siguen hasta el final de esa gloria que, como escribió Pessoa, es tan sólo un aplazamiento del olvido. Claro que esto de Pessoa no lo entiende nadie por sí mismo hasta que no le pasa a él... y cuando ya le ha pasado.

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