las dos orillas

José Joaquín León

La varita de Rajoy

TODAVÍA en España, después de casi 35 años de sistema democrático, falta cultura política. Acude Mariano Rajoy a su discurso del debate de investidura y la gente lo espera como si fuera el hada madrina, con la varita para hacer un prodigio. Mientras, una de las principales ocupaciones de los comentaristas políticos es rellenar la quiniela de los candidatos a ministros, aunque se sabe desde antes de ganar Rajoy que habrá nueve seguros al uno fijo, algunas dudas para la equis y dos o tres sorpresas. En esas estamos, con una crisis de aquí te espero, que no la va a solucionar este hombre de pronto, ni con varita, ni con Rodrigo Rato de ministro de Economía, pues se hace el interesante.

Rajoy ha dado unas pautas iniciales. Si nos fijamos en los que más ha llamado la atención, la mayoría de las medidas que ha anunciado (pese a que, según dijo Rubalcaba en la campaña, no tenía ninguna) son de sentido común, si bien otras parecen más de adornar el discurso con algunas pinceladas ocurrentes.

Me refiero, por ejemplo, al traslado de los festivos a los lunes, para cepillarse los puentes laborales, "excepto en los casos de especial arraigo", que en general son más de la mitad de los festivos que tenemos, pues una fiesta sin arraigo no se suele declarar festiva. Sin olvidar que también están los convenios laborales, y los profesores que se van de vacaciones antes de Navidad y vuelven después de Reyes, y los festivos que caen en domingo por el propio calendario y los trasladan al lunes, que es lo contrario de lo que se desea evitar.

Otro punto muy debatido será el de los tres años de Bachillerato. No es mala idea, aunque más importante es subir el nivel en los contenidos educativos. Otra medida elemental que se ha destacado es lo de reformar la gestión de la televisión pública, para que sea menos costosa. También había adelantado que sólo subiría las pensiones. Incluso se refirió al Bicentenario de la Constitución de Cádiz, algo insólito hasta ahora en un presidente. No esperaría menos Teófila Martínez.

Por donde se debe tirar, y ahí Rajoy apuntó al palomo en la buena dirección, es mayormente por la reforma de todo lo reformable. No sólo el déficit público. Por ejemplo las prejubilaciones, que son ruinosas y crean agravios. Tampoco se puede olvidar el sistema financiero, que está en el origen de grandes males económicos. Si aquí ha pasado lo mismo que en Irlanda, y allí ya lo están corrigiendo, tampoco hace falta ser Aristóteles para proponer medidas en el camino correcto. Que la banca debe asumir su stock de pisos con todas las consecuencias es evidente y había que decírselo.

La varita de Rajoy ha apuntado en la dirección en que se le pedía que apuntara. Se supone que para eso ganó las elecciones.

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