La ventana

Luis Carlos Peris

Los que no veían la bola sí que pagaron

PEGÁNDOLE un repaso a los barridos que las cámaras hacían por la tribuna de la Davis, la pregunta era la de que si allí había pagado alguien. Se veían las mismas caras que se repiten a diario con una copa en la mano y la croqueta en la otra, qué cansino todo, qué paisaje tan repetido. ¿Alguien pasó por taquilla? Claro que sí, aunque los que salían una y otra vez en esos repasos con los que se cubren los numerosos tiempos muertos de un partido de tenis no lo habrían hecho, entre otras cosas porque no tienen costumbre, que aquí sólo dan de cara los ningunos, los que no han logrado meter la cabeza en una urdimbre social tan tupida, tan celosa para las injerencias exógenas. Ahora bien, los que sin éxito pretendían ver el partido con prismáticos, esos sí que habían apoquinado para apenas ver si el misil que mandaba Nadal había entrado o se había ido a hacer puñetas. Esos, como siempre, no tienen otra que pagar.

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