la ciudad y los días

Carlos Colón

A ver cómo acaban las cosas

Aveces la vida hace montajes que no superaría el mismísimo Eisenstein. Lo sucedido el pasado martes parece extraído de una de sus películas, en las que el sentido brotaba de la confrontación de imágenes en principio sin continuidad narrativa "para -según sus palabras- producir ciertos choques emotivos, único medio mediante el cual se puede hacer perceptible la conclusión ideológica final". En el Congreso todos los partidos, salvo UPyD y Amaiur, firmaban lo que se ha dado en llamar la hoja de ruta del fin de ETA. En la Audiencia Nacional la madre de una niña asesinada por ETA se volvía hacia los asesinos de su hija y, mirándoles a la cara, les llamaba "cobardes" e "hijos de puta". El presidente del tribunal le pidió que, aunque entendía su estado emocional, se abstuviera de hacer ese tipo de comentarios. Era su obligación. Pero a veces se agradecería que no se fuera tan estricto en la aplicación de los procedimientos.

Si se hiciera un montaje al modo de Eisenstein, mezclando imágenes del debate que dio lugar al acuerdo tan celebrado por todos menos por Rosa Díez (a los de Amaiur no los cuento) y del juicio, obtendríamos uno de esos choques emotivos que hacen perceptible una conclusión ideológica.

Esta conclusión, en mi caso, es que los terroristas se van a beneficiar del fin de ETA, que no dentro de mucho tiempo vamos a ver a los encarcelados en la calle, que ya veremos cuántos años de cárcel cumplen de los 1.180 que se piden para los asesinos de la niña por colocar el 4 de agosto de 2002 un coche-bomba que estalló frente a la casa cuartel de la Guardia Civil o que la presencia de sus amigos y cómplices en las instituciones hace que la derrota de ETA sea relativa.

Me preocupa especialmente eso de instar "al Gobierno a mantener el diálogo con el Gobierno vasco, con el Gobierno de Navarra para (…) favorecer los esfuerzos hacia una convivencia social construida sobre los principios y valores en que se sustenta el Estado de Derecho".

Porque suena a lo que suena, no nos engañemos. La única forma no indigna, ni cobarde, ni ofensiva para con las víctimas, de reconstruir la convivencia social rota en el País Vasco es detener, juzgar, condenar y hacer que cumplan íntegramente sus condenas quienes durante tantos años, y derramando tanta sangre, la han roto.

Por eso estoy de acuerdo con Rosa Díez, probablemente la persona más insultada estos dos últimos días en España, más que los asesinos, más que los alcaldes filoetarras que mantienen las fotografías de los asesinos en las fachadas de los ayuntamientos, cuando afirma que "Amaiur sigue justificando la violencia y la historia de ETA".

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