las dos orillas

José Joaquín León

La verdad de Marta

AL conocer la sentencia del crimen de Marta del Castillo, la primera reacción que hemos tenido ha sido de estupor. En este caso se han combinado casi todas las maldades posibles. Ha llegado un momento, y es difícil saber a partir de cuando, en que este caso ha perdido su propia realidad para convertirse en un entramado de historias y disparates, con versiones contradictorias, testimonios falsos y acusaciones sin pruebas contrastadas. Sin darnos cuenta, se ha urdido una especie de telenovela de una cierta Sevilla, con unos protagonistas que dan el tipo. La realidad se ha encubierto con ficciones. Y se ha comprobado que sólo había una protagonista de verdad: Marta del Castillo. A excepción de la muerta, todo lo demás es de mentira.

En estos tiempos es fácil criticar a un juez, y más aún una sentencia. Se supone que un juez no es un ceporro que, después de mucho tiempo y de una infinidad de declaraciones, tiene la ocurrencia de condenar a 20 años a un nota llamado Miguel Carcaño y absolver a los demás. ¿Y qué fue de la violación? Se supone que un juez, cuando toma una decisión tan difícil, lo hace en base a lo que puede hacer con lo que tiene demostrado. Si no ha condenado a otros será porque no había pruebas suficientes, no por su gusto.

Entonces los ojos se vuelven a la Policía, que no sólo ha sido incapaz de encontrar el cadáver, sino que no ha podido demostrar ciertas acusaciones. Y algunos se acuerdan del posterior viajecito a Córdoba para encontrar a Ruth y José, en lo que aún se sigue con el empeño. Pero también se supone que los policías no habrán acusado a uno porque se llamaba Samuel, ni al hermano de Carcaño y a su novia porque convenía a la historia de este crimen tan horrible, sino que sería en base a pesquisas, inútiles como se ha visto.

El caso de Marta del Castillo sigue abierto. Existe el temor fundado de que lo sea eternamente, por los siglos de los siglos, sin que jamás se llegue a conocer la verdad de lo que ocurrió aquella noche. Me refiero a la verdad en el sentido machadiano, a la auténtica, la tuya guárdatela. Porque aún se ignora la realidad, entre tantas leyendas urbanas. Junto a estos personajes de la telenovela de una cierta Sevilla, que responden a tipos reconocibles, aparecieron otros personajes secundarios que han resultado estrafalarios o increíbles, como los videntes de la sillita de rueda, o el taxista que surgió de la nada, tiempo ha, o la bien pagá que se paseó por el programa de televisión.

Encontrar el cadáver de Marta, y fracasar en el intento, ha sido una prioridad perdida. Pero, a la vista de lo visto, es muy probable que incluso en esa hipótesis de hallarlo, esta historia perversa nunca hubiera separado la verdad de tantas mentiras.

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