La ciudad y los días

Carlos Colón

El vergonzoso culebrón de las setas

ESCRITA sobre mármol quedó la denuncia de esta gente que nos gobierna. Sobre mármol del compañero Carlos Mármol, que ha venido informando del vergonzoso culebrón de las setas de la Encarnación. Que así, rimando, podría anunciarse este folletín que está convirtiendo a Carlos en un Emilio Carrere -el de La torre de los siete jorobados- o cualquier esforzado colega en la escritura de aquellos folletines que se publicaban por entregas. El propio Carrere podría ceder los títulos de algunas de sus populares obras a los artículos sobre la cosa de la Encarnación. La cofradía de la pirueta, podría valer. Y La tristeza del burdel o Rosas de meretricio. También, por qué no, El destino payaso o, pensando en términos patrimoniales y arquitectónicos, Un crimen inverosímil. Aunque ya de por sí el asunto tiene contenido para titular un folletín: El escándalo del Metropol. Y hasta su continuación: El misterio del Parasol.

Con la primera entrega del vergonzoso culebrón de las setas de la Encarnación supimos, pese a los silencios oficiales, que el Ayuntamiento mantenía oculta desde diciembre la desviación presupuestaria, que es de 25,8 millones; por lo que el mamarracho costará más de 110 millones. Con la segunda nos enteramos de que Urbanismo sabía desde mayo de 2007 que el Parasol no podía construirse, que el Ayuntamiento había ocultado durante dos años y nueve meses que el proyecto era inviable y que el arquitecto diseñó la estructura sin testarla. Y con la tercera entrega fuimos informados -quedándonos atónitos: como verán, en este folletín la emoción no deja de crecer ni las sorpresas de sucederse- de que Urbanismo culpaba a Mayer y los técnicos municipales le responsabilizaban por los defectos del diseño inicial del Parasol y las carencias en materia de seguridad. Añadiéndose un final espectacular y suspensivo -la Gerencia puede exigir daños y perjuicios, pero no piensa hacerlo- que no podrían igualar ni Carrere, ni Sue, ni Ponson du Terrail, ni el mismísimo Manuel Fernández y González que, por cierto, era sevillano: ¿de qué otro sitio podría ser el rey del folletín?

En esta misma entrega se añadía un dibujo estremecedor del monstruo de la Encarnación: en su voraz apetito el Metropol Parasol obligará a reprogramar el PGOU porque la bestia ha devorado con su sobrecoste los dineros en principio destinados a la Plaza de las Libertades, prevista junto a Santa Justa, y las partidas de crédito para infraestructuras generales de la ciudad. ¿Qué nos reservará el próximo episodio? No dejen de leer El vergonzoso culebrón de las setas de la Encarnación.

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