Bicheo por la TDT

fátima Díaz

No tanta vergüenza ajena

LA estupidez humana no conoce límites. Un programa que lo vuelve a demostrar es Vergüenza ajena (Ridiculousness en Estados Unidos, Ridículos en Latinoamérica). Espectaculares caídas, batacazos de los que duelen sólo con mirar, torpezas dignas de ver en una pantalla grande y pequeños accidentes, quizás sin importancia pero que comparten un denominador común: su protagonista se muere de la vergüenza mientras los demás no pueden parar de reírse. La cadena MTV es única a la hora de ofrecer espacios pseudoeducativos, lo hemos mencionado ya alguna vez por aquí. Este Vergüenza ajena no es, en absoluto, una excepción.

El leit motiv es el mismo que aquella primera temporada de Vídeos de primera (1990-1991) con Alfonso Arús (¿se acuerdan?), con aquellas cámaras domésticas pioneras. Pero, como suele ocurrir casi siempre, con el tiempo la idea degenera. O cansa. Esto es lo que pasa con Vergüenza ajena: que las caídas, accidentes o torpezas son cada vez más fuertes. En la misma medida en que ha crecido la crueldad, ha decrecido el humor. Porque lo peor de todo es que la idea, a fuerza de repetirse y reinventarse, ha perdido definitivamente su gracia.

Empeñado en recuperarla encontramos a Rob Dryder, un cómico de esos salvajes que da paso a los vídeos gesticulando más que Jim Carrey. Por si fuera poco, Dryder apostilla los visionados con sus propios comentarios forzados desde un plató que simula un ordenador portátil gigante. Lo hace acompañado de dos copresentadores (Sterling Brim y Chanel West Coast) y de estrellas invitadas tan afamadas como el actor Johnny Knoxville (de Jack Ass) o Travis Pastrana.

Material donde elegir, desde luego, debe tener el equipo del programa ante la proliferación de vídeos de este tipo en internet sobre todo. Y es que en estos tiempos cualquiera se erige en autor de un vídeo de primera sacando el teléfono móvil al menor amago de resbalón de alguien. Hacer el cabra se ha hecho siempre. Pero nunca hubo tanto amigo dispuesto a inmortalizar la hazaña.

En Estados Unidos, como ya imaginarán, hay superávit de programas de este tipo. Tosh.0 y Web Soup son algunos de ellos. En España, por el contrario, pasaron de moda con el cambio de siglo. Se les relega, la mayoría de veces, a un horario tan demoledor y humillante como es el de madrugada o primerísimas horas de la mañana. En este sentido ocurre como con los espacios de zapping.

Sin embargo, Vergüenza ajena sobrevive en MTV en el difícil access prime time, una franja horaria bastante potable. Y la audiencia de la cadena, amante del Jersey Shore y secuelas, lo respalda. Y no da tanta vergüenza ajena como Jersey Shore.

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